ANYONE BUT ME

Hace algunos años atrás dos niñas de rostro angelical se besaban tímidamente en un altillo, luego de una pelea, de una carta reveladora y del llanto que mezclaba miedos y confusión. Y ese doble beso nos cortó la respiración, nos puso carne de gallina y nos dejó el corazón tibio. Por supuesto, como todo lo bueno, la historia en cuestión duró poco, porque a la serie Once and Again le quedaba poca vida en pantalla. De todas maneras, hasta el día de hoy, aunque no vimos avanzar esa relación que resultaba prometedora, la imagen de Mischa Barton junto a Evan Rachel Wood permanece fresca en nuestra memoria.
Años más tarde, el canal The N, de la señal MTV, nos regaló un drama de media hora, con estética modernosa de video clip y una pareja central californiana, lésbica y muy adolescente: había nacido South of Nowhere (SON), y las “Spashley” ingresaron de la mano al imaginario lésbico. Duraron tres temporadas en pantalla aunque, en ese tiempo, contados fueron los besos que se dieron las dos niñas. Si bien hubo situaciones en que se daba entender que las chicas tenían hormonas y que realmente podían ser adolescentes explorando su sexualidad, apenas aparecían tomadas de la mano o dándose algún besito cariñoso. Pero de todas maneras fue lindo volver a tener una relación lésbica y adolescente en la pantalla chica.
El año pasado, desde Inglaterra, Skins rompió todos los moldes; a la estética de video musical de SON se le sumaron las drogas, las rave y el sexo sin demasiados miramientos. Entre los tantos personajes sobresalieron, cómo no, Naomi y Emily (las “Naomily”), que durante los pocos capítulos de la tercera temporada (de la nueva generación) se encontraron, dejaron los prejuicios de lado (Naomi), se aceptaron (Emily) y no solo se besaron repetidamente, sino que comenzaron frente a cámara su primera relación sexual; escena bastante explícita y agradable a la vista (¿por qué no decirlo?).
Pero lo cierto es que las chicas de Skins no son las de SON y jamás podrían ser las de Once and Again. Es probable que no a todos las adolescentes les sea fácil identificarse con la hija rica de una estrella de rock, o con una rubia buenaza que es la hija modelo de un matrimonio (supuestamente) modelo y que no tiene problema en hacerle frente a las adversidades, como es probable que tampoco lo sea sentirse parte del mundo desenfrenado de drogas, litros de alcohol y padres ausentes que pone en primer plano la serie británica. Y aquí es donde resulta interesante comparar las parejas lésbicas de estos famosos shows televisivos con un nuevo programa virtual llamado Anyone But Me.
Sí, la Internet hace años que ha entrado a nuestras vidas y ya no es extraño saber que ésta puede ser un buen medio para expresar opiniones, darse a conocer y dejar ver al mundo lo que queremos contar, por eso cuando una historia no tiene lugar en la televisión de aire o los canales de cable, por qué no crearla como una serie web de fácil distribución, bajo presupuesto y probable repercusión, si se sabe hacer las cosas correctamente, claro está (para mejores ejemplos ver Plan V).
Así, de la mano de Tina Cesa Ward y Susan Miller, quien fue productora y guionista de The L Word, este año llegó al mundo cibernético una historia post 11 de septiembre, donde los adolescentes parecen chicos normales, o al menos lo más normales que pueden ser en los colegios norteamericanos, y en la que la pareja central está conformada por dos niñas de dieciséis años que están dispuestas a sortear las adversidades que se les cruzan en el camino durante los 10 capítulos con los que cuenta la primera temporada.
Lo interesante de esta serie es que las mencionadas adversidades, que parecen querer separar a las protagonistas, están lejos de ser las típicas piedras en el camino que suelen intervenir en el destino de los personajes de ficción. Con esto quiero decir que a lo largo del programa ninguna de ellas descubre que en realidad es adoptada y que es medio hermana de la otra, ni se entera de que su novia le ha mentido todo el tiempo y en realidad es transexual, ni tampoco sufre porque Obama la enviará a desalojar Guantanamo, por lo que es posible que vaya a pasar diez años en Cuba convirtiendo la antigua base militar en un gran museo interactivo, y por lo tanto, deba sopesar la posibilidad de pedirle un tiempo a su pareja… No, no, los problemas aquí son otros y son tan reales que le podrían suceder a cualquier hija de vecino.
El padre de Vivian (Rachael Hip-Flores) es bombero y después del bombardeo a las Torres Gemelas no ha quedado muy bien psicológicamente, así que deciden abandonar Manhattan y mudarse a los suburbios para comenzar una vida nueva, más tranquila y alejada de los trágicos recuerdos. La madre murió (creo… o quizás solo se marchó) hace años y ahora será su hermana, una solterona bastante aparatosa, la que se hará cargo del bienestar de la familia. En la Gran Manzana Vivian deja una novia, Aster (Nicole Pacent), una muchachita que se lleva el mundo puesto, aunque ese mundo se le viene abajo solo, cuando su chica se va a vivir fuera de la ciudad, aunque a solo media hora de tren de donde ella vive. ¡Qué calamidad! ¡Estas dos no saben lo que es llevar un amor a la distancia!
Claro que esa distancia será el mayor impedimento de la pareja, sumado esto a los cambios de ánimo de Aster, a su bronca al enterarse de que en la nueva vida de la chica ella parece no tener lugar, y a las dudas que la superan cuando se da cuenta de que en su nueva escuela, nadie sabe que es la novia de Vivian. Pero a Vivian no le es fácil adaptarse a una nueva escuela lejos de todo, fuera de la gran ciudad y sin la compañía de su chica, con la que sí se besa bastante y con la que aparece en varias oportunidades desnuda bajo las sábanas (¡para Ashley y Spencer que las miran por TV! Bueno, no, en realidad las miran a través del monitor… pero ustedes me entendieron).

Anyone But Me acierta porque no promete. No es el suspenso lo que nos carcome al final de cada capítulo, sino las ganas de seguir viendo una historia que nos puede resultar real y con la que es siempre fácil identificarse en algún punto. Puede pasar en Nueva York, pero también podría tener lugar en Buenos Aires, Madrid o Santiago.
Algo similar sucede con las actrices, Rachael Hip-Flores es flaquísima, algo orejona (tengo miedo de que en cualquier momento salga volando) y tan común que recuerda a cualquier compañera de colegio. Nicole Pacent es, según muchos, una Angelina Jolie adolescente, aunque eso creo que solo se puede ver en sus labios carnosos. Por el resto, parece una mezcla entre Janeane Garofalo y “Mi Amigo Gnomo”, pero bueno, esa es solo mi opinión. Ah, como dato curioso o de interés (probablemente para algunas), la actriz es bisexual declarada.
No mucho más extravagantes son los otros personajes que completan el ambiente: desde la tía (Barbara Pitts) y el padre (Dan Via) de Vivian, pasando por Sophie (Jesee Hodges), la nueva vecina (muy lejos del típico estereotipo de porrista), su novio deportista (este sí es tan tarado como cualquier jugador de football), o Archibal (Joshua Holland), el amigo afroamericano (porque cualquier lesbiana que se precie de tal debe tener un amigo negro) y artista que es sensible y enamoradizo y que, en seguida, se vuelve el confidente de la recién llegada.

La primera temporada nos mostró las idas y vueltas en una pareja de high school que se extraña, que se aprecia, que se quiere, pero que también teme, duda y se replantea infinidad de veces las situaciones. Aunque tambalearon, hacia el final las encontramos juntas y reconciliadas, pero un nuevo elemento se suma a la acción: Sophie, con la que alguna vez Vivian tuvo una relación amistosa durante la infancia, las ve besarse, y eso abre un mundo de posibilidades: ¿frekeara (mi nueva palabra favorita) o comenzará a replantearse su propia sexualidad? Entre estas dos chicas hay algo escondido, algo inconsciente que aflora en algunas ocasiones, produciendo un delicioso subtexto para todas aquellas que, como yo, preferimos que prevalezcan los lazos del pasado, al amor que une a Vivian con la bastante molesta Aster, y deseamos que ésta salga de juerga una noche y se consiga una chica símil Paris Hilton, que posiblemente pegue más con su estilo de vida que la propia Vivian, ¿será posible? ¿Nos darán las creadoras de esta serie virtual la posibilidad de ver a Vivian dudando entre su amor hacia la “gnoma” y la atracción oculta que siente por la muchachita de rulos? Habrá que esperar, pero no mucho, la segunda temporada de Anyone But Me se estrena el 15 de diciembre. ¡Qué emoción!
Como adelanto, se filmó un video en donde las actrices que interpretan a Vivian y a Sophie (mmm, más acercamiento) van hasta el cuarto de producción y, del otro lado de la puerta, esperan que su espía les pase algunos datos sobre lo que vendrá: sabemos, entre otras cosas, que Sophie se separará de su novio, que tendrá una nueva relación, aunque no se sabe de quién se trata. Damn! También podemos saber que la protagonista, al menos por un tiempo, tendrá algo de paz.
Es muy gracioso el video, porque después de varios minutos de hacer preguntas y esperar que el espía golpee dos veces la puerta si es “no”, y una sola si es “sí”, nos enteramos de que es un perro quien les pasa los datos y que es probable que las creadoras, que están haciendo gimnasia en sus aparatos, estén hablando de cualquier otra cosa menos de la serie. ¿Escuché la palabra “casamiento”? ¡Espero que no!


Posted by Débora Dora