ANALISIS – SKINS

 

No sé qué pensarán ustedes, pero en mi época las chicas no solíamos ayudar a nuestros amigos o compañeros de colegio a perder la virginidad. Y mucho menos si éramos lesbianas (o estábamos en vías de serlo). Pero se ve que ahora ésta es una opción viable, más si el chico en cuestión es medio mamotreto, por lo que el hecho se toma como un simple “acto de caridad”. El después no importa, nada de cargo de conciencia ni incomodidad.

Esta es una de las cosas que más me llamó la atención al mirar la serie británica Skins, bueno, tienen que tener en cuenta que, como todo programa que no me interesa, solo veo las partes importantes,  o sea, las sáficas.

¿Los adolescentes son así únicamente en Inglaterra? No, no, no, sino miren Mundo Privado (el programita ese sobre la vida de floggers, emos, darks y cualquier otra tribu urbana que ande dando vueltas por ahí, solo producido para ganar dinero, con una inversión de dos pesos). Sí, sí, sí, esos serán los líderes del mañana.

Skins es una serie inglesa que va por su tercera temporada (del primer año surgió Dev Patel, que hoy es conocido por haber protagonizado la última película ganadora de un Oscar, la emotiva Slumdog Millionaire), pero en esta oportunidad, salvo por dos personajes, el elenco está renovado, por eso se lo conoce como “la segunda generación”.

A la manera de otra serie juvenil inglesa, As If, presenta la historia de uno de estos chicos por programa y allí se ven las problemáticas de cada uno y los enredos con los demás: amoríos, inconvenientes en la escuela, con los padres, de identidad, y  todas esas cosas que surgen en esta época difícil de la vida.

Si no están teniendo sexo, hay drogas o bebida blanca presente, lo que demuestra que las leyes sobre el consumo de alcohol en el país de Los Beatles son un relajo. O quizás ya van preparando a los mocosos para que al crecer se conviertan en los típicos ingleses que se mueren si no se toman tres o cuatro cervezas en un pub después del trabajo.

Políticamente incorrecta a la manera de Sugar Rush (pero jamás tan brillante), esta serie creada especialmente para el mundo teen, ese con déficit de atención y que nunca se despega de la computadora, aborda las historias con el clásico humor británico y pone frente a la cámara esas situaciones extrañas que da placer mirar.

Un buen ejemplo de esto es Naomi (Lily Loveless) y su madre soltera, una hippie que sueña con cambiar el mundo y alberga en su casa a decenas de compañeros ecologistas, al punto que la chica en una oportunidad se despierta en su cama con un extraño, preguntándose quién demonios es el sujeto en cuestión.

Bueno, precisamente Naomi (que aunque me digan que no, se parece demasiado a Allison Mack, Chloë en Smallville) es una de las niñas que nos interesan.

No me pregunten demasiado de su historia personal, como ya les dije no he visto capítulos enteros y además me cuesta demasiado entender a los actores si no se sacan la papa de la boca. Pero bueno, con lo que ya les conté pueden tener una idea aproximada de cómo es esta rubiecita que se ve que no tiene demasiada buena relación con los de su curso, no posee muchos amigos y en su corta vida ha sabido cultivar una imagen y un carácter listo para espantar a cualquiera que ose lastimarla (o, de hecho, simplemente acercarse) y encima, pobre, el profesor en el que confiaba la quiso besar y después terminó encamándose con su madre (el profesor, no ella). En el medio de todo esto, ni bien comienza la serie, vemos que esta muchacha de ideas firmes que no cree en nada, se mira raro con dos chicas, unas gemelas coloraditas y rechonchas (más una que otra), llamadas Katie y Emily.

Katie (Megan Prescott) es un remolino que arrasa con todo; extravertida, independiente y frontal es la antítesis de Emily (Kathryn Prescott): rara, tímida, siempre a la sombra de su hermana.

Sabemos que las tres chicas se conocían de la escuela anterior y que en alguna situación de fiesta cuandoeran más chicas, Naomi y Emily se besaron, alcohol de por medio. Esperen, esperen picaronas, puedo imaginar lo que están pensando; no, dejen de lado esas fantasías tan masculinas, no hay sexo de a tres con las gemelas, ¡pervertidas! Ni, champagne ni jacuzzi incluido (¡lástima!).

Lo que puede rescatarse de esta serie es que tiene algunos diálogos muy incisivos, sino miren lo que le contesta Naomi a Katie, cuando la engancha hablando mal de ella.

Katie: (charlando con Effie) Sí, no hables con ella. Se trató de comer a mi hermana en la escuela media. ¡Pervertida! ¿No pensas lo mismo, Ef?

Naomi: (desde atrás) Cuidado, Katie. Podría confundirme y cogerte con mi gran arnés por equivocación.

¡Bien dicho, Naomi!, yo sabía que me ibas a caer bien a pesar de tu indumentaria (¿por qué tanto floreado?).

Por si quedaba alguna duda, Naomi, en cuanto tiene la oportunidad, le aclara a la colorada (ya que está harta de las burlas despectivas de la gemela homofóbica, que le afirma a todo el mundo que ella es lesbiana) que ella no es gay. Emily asegura que tampoco (liar!), pero ni ella se lo cree, y la sigue mirando con cara de perro empapado, luego de confesarle que aquella vez sintió las mismas ganas de besarla que tiene en ese momento.

Un día, una tal Pandora (Lisa Backwell), la naif y tonta que no puede faltar en ningún grupo, organiza una piyamada en su casa. Las chicas (las que ya nombre y Effie [Kaya Scodelario], una morocha bonita y obviamente problemática, que formó parte de las dos primeras temporadas de la serie) presuponiendo que se iban a aburrir en aquella habitación infantil, se suman a la idea de comer unos brownies “mágicos”, que dan vuelta hasta a las dueñas de casa (madre e hija).

Drogas y alcohol son suficiente aliciente para hacer surgir a la gemela sáfica, y en la primera oportunidad que tiene se despacha besando a Naomi, que se cubre tras los estupefacientes, pero que claramente disfruta de la situación que continuará luego en el pelotero del jardín (¿lo habrá alquilado Pandora para la ocasión?), con Katie como testigo. Observándolas desde la ventana, la gemela hetero debe pensar que lo que ve es solo un espejismo producto de las drogas, pero no, querida, tu hermana acaba de asumirse gay, aunque no hubiese nadie en la habitación para escuchar su confesión.

El que sigue es un episodio exclusivo de Naomi y se centra en las elecciones para presidente de la clase. Los candidatos: un nerd; el chico popular y estúpido (Jack O´Conell), onda hooligan; y la rubia, impulsada por el profesor pervertido y por Emily, que la ayuda con la campaña no solo porque le tiene ganas, sino también porque sabe que a la chica le gusta la política y cree que pueda ser buena para el puesto.

Pero evidentemente Naomi tiene problemas de intimidad y le huye a la pobre muchacha, hasta que Emily se harta y va hasta la casa a encararla. Algo se mueve dentro de la chica con lo que le dice la otra, y la invita a quedarse.

Sí, sí, de nuevo hay alcohol y una charla intima. No, rubia, Emily no sabe qué demonios hacen dos chicas en una cama, pero tal vez puedan aprender juntas, digo nomás… es obvio que te quedó picando el bichito.

Las chicas duermen juntas, solo duermen, o eso supongo, porque no se da a entender que algo haya sucedido. Pero a la mañana siguiente, Naomi huye dejando a la colorada en su propia cama.

Obviamente suceden otras cosas en el medio que no vienen al caso, el asunto es que a punto de explotar, al día siguiente la rubia llama a Emily: necesita una distracción, alguien que la haga olvidarse de todo.

Un par de bicicletas, escasez de ropa y un chapuzón en un lago (qué suerte que los ingleses a esa hora están todos emborrachándose en el pub) hacen que las cosas se agiten entre ellas. Cae la noche, hay poca ropa, más bebida blanca y marihuana. Emily la roza sin querer y toma su mano; Naomi la deja, sonríe, se siente contenida.

¿Cuál es la gracia de fumar un porro al revés y de a dos? No entiendo, creo que era solo una excusa barata para que se toquen un poco y evidentemente funciona, porque esta vez es Naomi la que la besa. Emily va más allá y besa el cuello de la rubia, hay un poco de reticencia, pero con la mirada le pide permiso; es un gesto sutil pero interesante, lo que hace más real la escena.

La ropa vuela, solo permanece aquella ropa interior cuasi infantil y los gemidos de Naomi; pronto será respondida su pregunta: esto es lo que hacen dos mujeres en una cama, o… bueno, sobre una manta en el medio de un bosque.

Pero a la mañana siguiente emprende nuevamente la huida, aunque esta vez Emily se despierta para retarla y pedirle que no se vaya; Naomi no puede quedarse, incluso cuando escucha todo lo que le dice la colorada (“Te conozco, te conozco, Naomi. Sé que te sentís sola. Creo que necesitas alguien que te quiera. Bueno… yo te quiero… así que, sé valiente… y quereme…”), no puede.

Luego de una ducha, se viste con una camisa a cuadros; se podría decir que después de hacer el amor con otra mujer casi se siente una lesbiana, pero como esto le pesa en su conciencia, se pone un collar azul, para disimular; un collar que le debe pesar aún más.

Viene todo el tema de las elecciones, gana el hooligan y ella se termina besuqueando con él (obviamente hay una explicación para esto, pero… mmm no tengo ganas de darla), y casi teniendo sexo en un aula del colegio (los profesores ya deben estar en los pubs), hasta que Naomi lo frena; eso definitivamente no está bien. ¿Recién ahora te das cuenta? Bueno… mejor tarde que nunca.

Luego de un buen consejo de su madre la hippie (“La gente que nos hace felices nunca es la gente que nosotros esperamos. Así que cuando encontramos a alguien, hay que apreciarlo”), la rubia va hasta la casa de las gemelas. Emily la atiende con la puerta cerrada y, una sentada a cada lado, lloran y se toman la mano a través de la puertita para mascotas.

“Cuando estoy con vos, siento que soy una mejor persona; me siento más feliz, menos sola”, le dice entre lágrimas una Naomi a corazón abierto.

No me pregunten qué sucede entre un episodio y otro; dejamos atrás a Naomi y el nuevo capítulo se centra en JJ (Ollie Barbieri), ese muchacho medio mamotreto y casi autista, pero de gran corazón al que Emily le hace la caridad de ayudarlo a perder su virginidad.

En fin… no sé qué decir sobre esto que ha causado bastante conmoción entre los seguidores de la serie (en especial entre el público femenino), y sí, un poco de indignación causa. Pero por suerte Skins se reivindica rápidamente.

Además, en el capítulo de JJ, antes de la revolcada, Emily se confiesa y asegura, sin dejar de lado ninguno de sus pensamientos, que “le gustan las chicas” y que “le gusta el sexo con chicas”. Ella y su gran corazón lo ayudan al muchacho a superar otros traumas, a deshacerse de la multiplicidad de fármacos que consume y, de paso, JJ mete la pata cuando suelta frente a la otra gemela que Emily es gay, por suerte, en este programa los padres no son los únicos negadores de la realidad.

Más adelante, luego de la metida de pata del mamotreto, Naomi se encuentra con Effie en una fiesta, y vuelve a intentar negar su nueva identidad lesbiana, por medio de palabras y de su vestuario. Querida, ese collar enorme de vieja arruina el magnifico chalequito que llevas debajo.

Le sigue el capítulo de Effie, donde no pasa demasiado que nos interese. Esta vez todos se van de campamento, consumen hongos alucinógenos, porros, alcohol y juegan con pirotecnia. Todo está más centrado entre el trío que forman Effie, Katie y un muchacho de ojos bonitos llamado Freddie (Luke Pasqualino), pero otro trío emerge de una de las carpas: sí, nuestras tortitas adolescentes y el mamotreto. ¡No co-- yo, no co-- nadie!

Después se viene un episodio bastante macabro donde Effie golpea a Katie con una roca y la deja desangrándose toda la noche en el medio del bosque, pero para nuestra mala suerte y la de Emily, la gemela se recuperará velozmente, lo que ya se ve en el nuevo capítulo enfocado en las dos hermanas.

El episodio comienza cuando Katie llega al colegio a rendir un examen vestida para matar, pero algo en  la cara de JJ nos dice que aquella chica de rostro magullado no es Katie, sino su hermana, haciéndose pasar por ella para hacerle un favor. Es curioso como las dos personas que se han acostado con ella se dan cuenta en seguida que se trata de la gemela incorrecta.

Naomi la aborda en los lockers, la mira con ganas, se muerde el labio mientras observa el atuendo de la chica, y de paso le dice que se va a España a pasar el verano, ella sola; tiene mucho que pensar. “¿En qué?”, le pregunta Emily. Sí, ¿en qué? ¿Pensas que vas a ser menos lesbianota si dejas el país? La rubia le pide que sean amigas; ya lo son… ¿no lo sabes? Pero la coloradita no quiere ser tu amiga, quiere meterme mano, ver con vos en la cama el espantoso final de The L Word, y cocinar juntas una exquisita torta de chocolate. ¿No te das cuenta?

Por suerte, antes de que desaparezca por el pasillo, Emily pronuncia esas dos palabras mágicas: “Te voy a extrañar” (son cuatro, D.D. ¡Cuatro! Ni contar sabes cuando te emocionas), y Naomi vuelve como una tromba, la estampa contra el casillero y la besa. Sí, sí, hay desesperación en ese beso, yo sé lo que les digo.

La siguiente escena interesante:

INT. HABITACIÓN DE NAOMI. DÍA

Sí, nuestras chicas yacen desnudas en la cama; charla post coito. Emily elogia la habitación de Naomi (sí, la de las paredes con fotos de mujeres). La envidia, ella siempre ha tenido que compartir todo, nada de secretos con la hermana homofóbica.

 

Naomi: ¿Y este secreto?

Emily: Naomi, quiero decirle a la gente.

Naomi: ¿Qué sos gay?

Emily: Quiero decirle a la gente sobre nosotras (silencio largo). Vení conmigo al baile. Juntas.

Naomi: No quiero hacer eso.

Emily: ¿Por qué no?

Naomi: Em, no es asunto de nadie.

 

Uhhh, nuevamente con el temita de que ella no es como Emily, o al menos no sabe. La colorada insiste; ante el silencio, enojada, se levanta y se va.

Lo que sigue durante el programa está entrelazado entre las dos hermanas y su relación enfermiza. Katie que cree que la posee y Emily evidentemente siempre se deja dominar. Katie no puede aceptar que su hermana sea gay, y mucho menos soporta no saber que se acuesta con Naomi, por eso niega rotundamente el asunto cuando Emily, harta de la situación, llega a su casa y larga, en plena cena familiar, que es gay y que sale con una chica hermosa (a.k.a. Naomi). ¡Excelente escena!

De a poco vamos descubriendo que Katie está bastante enfermita y no deja de comandar las situaciones y manejar a su hermana a su antojo, además de creer que “no es gay, es solo estúpida”.

Como si se hubiesen puesto de acuerdo, la madre y la hermana se las arreglan para espantar a Naomi; una cuando la rubia va a buscar a Emily hasta la casa y se encuentra con las duras palabras de la madre metiche, y la otra cuando la cita en nombre de Emily en un bar y le dice que se aleje de su adorada hermana.

Además, como es una mandona, obliga a Emily a ir con ella al baile, y mientras eligen vestidos, se cruzan con JJ y Freddie, y arregla que ellos serán sus parejas para la velada. Por un comentario de Freddie, Katie se pone loca al descubrir que su hermana “le hizo el favor” a JJ. No lo puede creer, ¿cómo le oculta algo así?

Obviamente ese pequeño detalle se le “escapará” delante de Naomi, que se queda de piedra y no puede creer lo que está escuchando. Yo lo que no puedo creer es cuando Katie le dice:

Katie: Dejala tranquila, es mía. (weirdo much?)

Naomi: Ella no puede solucionar lo que es, Katie. Yo tampoco (¡bien! Al fin lo aceptó…)

Obviamente Emily se deja arrastrar por su gemela malvada (nunca mejor dicho) al baile, con los pibes vestidos bastante ridículos. Están allí en la puerta, enfrentados, a punto de entrar cuando, como un ángel, Naomi vestida para la ocasión hace su gran aparición.

Y ustedes dirán: “D.D. esa es la escena más trillada que podemos imaginar… incluso más que la del aeropuerto, cuando algún amante desesperado corre antes de que su amor se aleje volando. Ahora Naomi le va a sonreír, Emily saltará a sus brazos y se darán un beso francés frente a Katie”.

Pero no, al menos tenemos que darle un punto por originalidad a Skins. Sabemos que Naomi no es fácil de llevar.

Se acerca, larga un sarcasmo, le dice a JJ: “debes estar contento, Emily es grandiosa en la cama, ¿no?”. El muchacho no deja de balbucear, Emily se quiere matar. Naomi, obviamente dolida, pasa entre ellos con la frente en alto.

La que la aborda a la rubia dentro de un aula no es Emily para darle explicaciones, es Katie para abofetearla. Emily las encuentra forcejeando y escucha algo que no debe escuchar, en realidad, es simplemente la confirmación de que su gemela es una completa perra. Y ahora son ellas las que se agarran a las piñas y se revuelcan en el salón, mientras sus infradotados compañeros de colegio alientan la pelea.

Nadie las puede separar, es Emily solita la que a la manera de Karate Kid le frena el puño frente a la cara y luego la ayuda a levantarse.

 

Emily: Katie, no lo puedo soportar. Soy una persona. No soy vos (silencio mientras se saca el vestido, quedándose con otro negro que tiene debajo). Tenes que entenderlo, Katie, te amo y nunca voy a dejarte. Pero no puedo arreglar esto. Me gustan las chicas. No (piensa y levanta los ojitos de forma adorable), me gusta una chica. No (y vuelve a hacer el mismo gesto), la amo, ¿ok? La amo… a ella (y la señala. A Naomi, que la mira desde atrás, se le llenan los ojos de lágrimas).

 

Fuera de foco, Naomi le estira la mano y Emily se acerca. Así, juntas, atraviesan el salón entre aplausos (es inigualable la cara de la pobre Pandora). Quizás un cierto homenaje a una de las mejores películas lesbicas, obviamente hablo del final de la sueca Fucking Amäl.

Las chicas se deslizan de la mano por la puerta en forma de corazón y bajan las escaleras del instituto.

 

Naomi: Yo también te amo (le dice sin mirarla)

Emily: (sonríe) Ya sé.

Y así culmina el anteúltimo episodio de Skins. Se sabe que habrá una temporada más, ojala Naomi y Emily lleguen para contarlo. Yo creo que sí, les tengo fe, después de todo son una de las parejas preferidas de la serie, sí, más que la heterosexual formada por Effie y Freddie. Las “Naomily” ya coparon Internet, hay foros de discusión, videos musicalizados, fotos artísticas y los fanáticos de la serie aman la pareja.

Desde mi humilde lugar la recomiendo como una serie interesante que, a la manera actual, proyecta la imagen de dos adolescentes en pleno proceso de descubrimiento, que sin pelos en la lengua expresan sus sentimientos y se animan a vivirlos. Ambos personajes se encuentran lejos de los estereotipos a los que estamos acostumbradas. No hay masculinización, de hecho, ambas son bastantes femeninas, aunque se vistan de manera horrible, aconsejadas por la ex vestuarista de Alice, que como acaba de quedarse sin trabajo, ya se mudó a Inglaterra para seguir arruinando el placard de estas dos tortitas.

Por eso creo que podemos tener esperanza que nadie caerá en los viejos clichés que se usan en contra de las mujeres homosexuales en series y televisión, y confiemos en que, como ya dijeron las chicas de Afterellen, Skins emule más a Once and Again que a la puramente comercial The O.C..

Pd: ¡apa!, qué se hizo larga la cosa… bueno, como siempre, lo he disfrutado mucho, espero que ustedes también.

Posted by Debora Dora