AFFINITY

 

 

 

Evidentemente Sarah Waters tiene una cierta “afinidad” con el lesbianismo, y parece no tener demasiado problema con eso de quedar encasillada como una escritora de “temática”. Por supuesto, sus lectoras agradecidas. Sus espectadoras, también.

Aunque Affinity no haya cumplido mis expectativas particulares, no deja de ser un producto aceptable; el problema mayor es que cuesta bajar los decibeles para esperar a la sucesora de Tipping the velvet o Fingersmith, que obviamente en esta ocasión no llega, ya desde el vamos porque se trata de una sola entrega, mientras que las otras producciones de la BBC dividían las historias y dosificaban la “pastelería” en tres capítulos.

En este caso la segunda novela de la autora británica fue adaptada recientemente para la pantalla grande en un show de noventa minutos, y aunque no puedo saber cuántas diferencias puede presentar el guión con respecto al libro (ya que es muy difícil encontrarlo, y si llega a aparecer, su valor es disparatado para las chicas del submundo), sí es palpable el reconocido espíritu de la lesbianota Waters, no solo por la atracción sáfica que se construye entre las protagonistas, sino también por su afición a los tiempos de la Inglaterra Victoriana, los vestidos incómodos, las calles londinenses y el clásico encuentro entre la muchacha de bajos recursos y la mujer bonita y aristocrática, en este caso encarnada por Margaret Prior (Anna Madeley y sus ojazos gatunos), una lady hermosa e inteligente, que permanece de luto, pero que vive la libertad de poder aprovechar el tiempo libre que antes dedicaba a ayudar en los trabajos de su padre. Pero un hombre, que obviamente le arrastra el ala con insistencia, le encuentra una ocupación: convertirse en visitadora en una cárcel de mujeres que al menos no es Capadocia (o lamentablemente no lo es, porque así podría volver a ver a la Bambi).

Ni a su madre, ni a su hermano, ni a su cuñada y amiga les parece muy buena idea que una señorita de su clase se pase los días preocupándose por problemas ajenos, en vez de realmente ocuparse de lucir bien y buscar marido (¡qué horror!).Y menos les gusta la idea cuando Margaret empieza a obsesionarse con Selina Dawes (Zoe Tapper), una de las convictas, una mujer callada y enigmática que se dice que alguna vez fue una reconocida médium. Y es quizá aquí donde reside la atracción principal de Affinity. Waters aborda el asunto del espiritismo y lo enreda en una trama bastante oscura, apoyándose en la creciente atracción de las féminas.

Las famosas sesiones espiritistas, en donde la aristocracia parecía encontrar un interesante entretenimiento conversando con seres del más allá, le sirve de escenario para dar el puntapié inicial de esta historia que atrapa, confunde y entretiene, pero que llega a un final casi abrupto, como si la cinta de video se terminara y rápidamente haya que culminar el film de alguna manera: un cachetazo de último momento que nos deja tambaleándonos en el momento que la pantalla se cubre de negro y aparecen los títulos.

De todas maneras, es una película interesante de ver, pero sin ansiedades, chicas, porque lamento ser yo la portadora de tan malas noticias, pero si esperan los revolcones de Nan en Tipping the velvet o esas necesidades insatisfechas que dejan sin aliento en Fingersmith, olvídenlo, en Affinity el sexo brilla por su ausencia.

 

 

Posted by Debora Dora