BETTER THAN CHOCOLATE
"Your love is better than chocolate
better than anything else that I've tried
oh love is better than chocolate
everyone here knows how to cry..."
- Extracto de la canción Ice Cream de Sarah Mclaughlin
Díganme, ¿qué es mejor que el chocolate? No me van a venir con que hay alguna a la que no le gusta, ¿no? ¿Hay alguien tan freak como para no gustarle esa delicia?
Bueno sí, puede ser que haya algo que sea mejor que el chocolate; a ver, me acabo de acordar de una cosa. Sí, sí, esa que piensan, cuya palabrita es de cuatro letras y una de ellas es una X, sí, sí la misma, yo se que ustedes también la pensaron, picaronas. Eso si que puede ser que sea mejor que el chocolate. Seguro alguna tendrá otra... pero son muy pocas las cosas que lo superan y de hecho, mis dos cosas preferidas se pueden combinar, ¿o ustedes no piensan lo mismo? ;)
Me olvide de algo más que es de esas cosas preferidas en mi mundo: el Cine, y sí, también la puedo combinar con las anteriores, de hecho lo hago muy seguido. Mismo esta película de la que hablaré hoy, fue resultado de ese mix de cosas favoritas.
Better Than Chocolate (Mejor que el chocolate) es una clásica película
lésbica, donde, por suerte, el 90% de los personajes son del LGTTB (ahora
creo que también hay una I metida por la sigla, pero no se bien que
significa ni donde va; debo averiguar). Es una comedia divertida, fresca
y un lindo entretenimiento, con una simple, pero simpática mirada sobre
la vida gay.
Además el film es una comprobación de que no sólo la vida del hombre gay se cuenta en años de perros: Maggie (Karyn Dwyer) trabaja en una librería de temática lésbica, convive con un conjunto de seres especiales y extraños, baila en un pub del ambiente y va en búsqueda del amor.
Una noche, Kim (Christina Cox, que no tiene nada que ver con Courteney), una pintora rubia de pelo corto, se cruza en su camino, y al día siguiente se vuelven a encontrar. Créalo o no, amor a primera vista. Las chicas charlan, flirtean, se besan, pintan, se duchan y hacen el amor, todo en la misma noche. Incluso Maggie le presenta a su madre. Aunque eso en realidad no estaba en sus planes. Es que la chica de 19 años dejó la Universidad, y con su trabajo apenas puede pagar un alquiler. Pero una amiga le presta un hermoso depto justo a tiempo para la llegada de su madre, recién separada, que va arrastrando a su otro hijo, para que los tres vivan juntos temporalmente.
Pero hay un pequeño detalle, la familia de la protagonista no sabe que ella es lesbiana y menos que esa rubia bohemia que se pasea por la casa no es una simple amiga. El problema de la convivencia forzada se verá más complicado aún con las chicas intentado ocultarse, cosa bastante dificultosa, ya que todo lo que rodea a Maggie es tan, tan gay, que hasta Dana (The L Word) se sorprendería.
Una interesante mezcla de personajes completan la historia: la madre
despistada; el hermano entre emocionado y
sorprendido; los típicos homofóbicos que tienen tan poco que hacer en
su vida que molestan a los demás; una bisexual hambrienta de sexo; una
lesbiana feminista, de correcto traje y anteojos de montura gruesa,
cuyo look la habilitaba tanto como para manejar una librería del gremio
o para dirigir una película independiente, que siente algo por un travesti
que muere por ella.
Y obvio las dos protagonistas: la joven ingenua con deseos de salir del closet y jugársela por amor, pero con muchos temores, y la mayorcita, bohemia, independiente y segura de si misma, son las que llevan la historia (obvio, de amor) y se han convertido en iconos del cine lésbico, ya que la película batió records de audiencia en Canadá (su país de origen) y se colocó entre los mejores films independientes de ese año.
Obvio, ahora viene el apartado de actrices, como no podía faltar. Ninguna
es demasiado conocida, tal vez sí por el norte, pero no son caras vistas
por estos pagos. Por ejemplo, Karyn Dwyer ha trabajado mucho en la televisión
canadiense.
¿Les dije que es colorada? ¿Les dije que me encantan las coloradas?
Bueno ya se... ustedes deben pensar "pero si a Debora Dora le gustan
todas..." Sí es cierto, pero las coloradas son mis predilectas. Y ésta
es algo así como una mezcla entre la irónica Sara Gilbert (la de Twins,
siempre vestida con trajes y aspecto de lesbiana, que de hecho lo es
en la vida real) y Marissa Ribisi, la hermanita menor de Giovanni.
Bueno, esta colorada no me vuelve loca, pero suma puntos porque parece
una chica común y corriente, una chica normal que te podes encontrar
en cualquier librería lésbica (?), lo que hace la historia más creíble. 
Pero ahora si hablamos de Christina Cox la cosa cambia. El pelo rubiecito y corto, los ojos claros, y esa ropa que no se sabe si fue comprada en una tienda retro o por Internet en el sitio Chongos.com. Decididamente Cox no es lo que se dice una belleza; posee un rostro anguloso y de rasgos simiescos, pero por momentos y según como le de la luz y el ángulo de la cámara, está muy dable. ¿Les hable de los brazos? Digamos que Madonna no tiene nada que envidiarle a los musculitos marcados de esta canadiense. Es que la chica se entrena desde chica, y siempre tuvo la aspiración de convertirse en gimnasta olímpica, y eso lo podemos notar en su cuerpazo, que luce también en Las Crónicas de Riddick, donde trabaja junto al fornido Vin Disel.
Digamos que la conjunción entre la historia y las actrices, especialmente durante la parte donde se pintan los cuerpos, hacen a la película muy disfrutable. Y queda bien claro que sí hay algo mejor que el chocolate: el AMOR.
Pd: Quédense tranquilas que Debora Dora no ha sido poseída para escribir la última frase; ningún ser humano ha sido dañado durante la redacción de esta nota.
Posted by Debora Dora