FOR THE BIBLE TELLS ME SO

 

 

 

 

Pecado, abominación, enfermedad. Estas son solo algunas de las palabras que varias religiones occidentales y sectas fundamentalistas utilizan para denominar a la homosexualidad.

“Porque lo dice la biblia”, aseguran los creyentes, convencidos de las palabras escritas en el libro mejor vendido de la historia. Pero en la biblia se dicen tantas cosas… En épocas donde los apedreos y las crucifixiones ya no forman parte del brazo duro de la ley (al menos no es moneda corriente), la intolerancia, el insulto y el agravio se mantienen fieles a las palabras escritas hace más de veinte siglos.

Seamos sinceras, chicas, la homosexualidad existió siempre, porque el deseo (dirigido al sexo que sea) es algo inherente al ser humano, aunque algunos conjuntos de creencias institucionalizadas nos quieran hacer creer lo contrario. Los prejuicios también existen desde antaño y, lamentablemente, muchas veces el miedo a lo desconocido actúa como paralizante, y todas sabemos lo que hace un animal cuando está paralizado frente a lo que considera un peligro exterior: sí, ataca.

El documental For the Bible Tells me So, dirigido por Daniel G. Karslake, da cuenta de ese miedo visceral convertido en odio; de leyes, de mandamientos y de condenas eternas.

“Pero tu puedes ser salvado, herman@”, o eso es lo que aseguran los que creen que esta “enfermedad” se da en algunas personas solo porque el diablo metió la cola. No, señores, el Diablo está demasiado ocupado, bebiendo cerveza y comiendo nachos, mientras observa, cual feliz espectador, cómo algunas personas matan por diferencias de opinión; cómo otros imponen sus ideales, sus dioses y sus doctrinas por medio de la fuerza; y cómo muchos inocentes mueren a consecuencia de guerras estúpidas en nombre de un supuesto dios bondadoso, pero con el oculto fin de conseguir tierras, petróleo o lo que esté en boga en ese momento. Hacen mal en subestimarlo; el malo de rojo se está haciendo la gran panzada y no tiene tiempo de andar contaminando gente con el virus de la homosexualidad. Siento desilusionarlos.

Para cualquiera de nosotros ya es difícil el día a día, porque la gente no entiende, porque la gente prefiere reír o discriminar a saber de qué se trata realmente; en los trabajos, en la escuela, en la calle... cuando en alguna manifestación nos encontramos con cruces y carteles, o al escuchar de refilón algún comentario poco feliz. Entonces, imagínense lo complicado que debe ser crecer en el seno de una familia practicante, que solo vive para respetar mandatos que algún intermediario de un poder superior dicta a sus feligreses, o para asistir a grupos de reflexión, donde parece que es lo último que hacen.

Debe ser difícil aprender desde chico que ese dios al que le rezamos nos desprecia solo por ser diferentes. ¿Cómo lo ocultamos para que nuestros compañeros del coro no se enteren? ¿Cómo expresarlo ante nuestros padres sin que piensen que estamos enfermos o condenados a arder en las llamas del infierno? ¿Será todo esto lo que sintió en su adolescencia esa mujer que terminó sus días colgándose del baño por saber que su madre no la aceptaba, que solo la creía una oveja alejada del rebaño?

Lo interesante de este documental, que cosechó una gran cantidad de premios y nominaciones desde su estreno en el Festival de Sundance en el 2007, es que no solo nos muestra los prejuicios imperantes en este tipo de religiones, que llevan a la gente que se siente en el papel de enviados terrenales a condenar, castigar y convertir a la gente que ama diferente.

A través de las distintas historias, que conocemos por fotos, entrevistas y relatos de padres e hijos, nos metemos en varias historias, como la de la chica que resulta ser la hija de uno de los candidatos presidenciales; o la de un joven que se convierte en vocero, junto a sus padres, de la comunidad gay de su iglesia y, también, la de un hombre que llegó a ser el primer obispo anglicano gay de los Estados Unidos. Y además, de esta manera, un rayo de esperanza nos tranquiliza, dejando ver cómo el amor escucha y entiende, y mostrándonos que la fe es mucho más que solo leyes escritas en una piedra.

 

 

Posted by Debora Dora