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CRITICA – FIRE
Los matrimonios arreglados nos horrorizan tanto como nos intrigan, “pobres los conyugues”, pensamos. Siguiendo tradiciones milenarias ven hundidos sus deseos bajo la obligación de lo que es correcto. Pero en una sociedad paternalista como la de la India, nos vamos a compadecer mucho más de las pobres mujeres, que además de casarse sin amor, tienen que soportar a estos tipos que parecen creados especialmente para arruinar sus existencias.
Cuatro personajes que viven su vida con normalidad, evadiendo los asuntos internos de cada uno, y los problemas de pareja que están a la orden del día. Por un lado Jatin que, obligado a sentar cabeza, establecerse con una esposa y hacerse cargo de sus responsabilidades de adulto, se casa a regañadientes, pero sigue manteniendo un affair con Julie (Alice Poon), una mujer oriental de la que está enamorado y que ve noche por medio, incluso ante las narices de Sita. Ashok es todo lo contrario de su hermano; un hombre espiritual que se debe a su líder religioso, y que sigue el camino correcto mientras las moralinas se le escapan por los poros. Sita es joven, soñadora y bastante impertinente. Se lleva el mundo por delante, aunque tiene bien claras sus obligaciones de esposa y su sumisión al mundo masculino. Pero ella es un espíritu libre que danza y se prueba ropa de varón, porque en su interior aún arde una llama de libertad.
Esta casa luminosa es el escenario donde el amor está dispuesto a aparecer y a surcar las grietas de estas dos parejas de diferentes generaciones, atrapando a las damas y dejando afuera a los caballeros, que continúan con su vida como si nada sucediera; uno con sus películas “especiales” y su amante; el otro con su celibato y su devoción al monje ese que sigue para todos lados. Mientras tanto, las tradiciones encarnadas en aquella anciana tocan la campanilla acostadas en el living, frente a la televisión, donde Mundu, un empleado todo terreno, las “cuida” como guardián de las buenas costumbres y la decencia. Los sentimientos florecerán en Radha, encontrando en la otra mujer los sueños perdidos y la libertad añorada, deseando nuevamente volver a vivir, y solo la fuerza de Sita puede hacer esto posible. El fuego del título aparece como exterminador, como una fuerza que arrasa con todo, pero también como un inicio renovador, como un conjunto de llamas que envuelven y purifican. Este es el significado de este elemento, además de aquella leyenda que en algún momento un conjunto de personajes representarán en pantalla. Fire es la primera película de una secuencia que, asumo, estará formada por cuatro, pero que por ahora solo son tres películas ya filmadas: Tierra y Agua. ¿Llegará el Aire también a formar parte de la filmografía de Deepa Mehta, la directora india radicada en Canadá?
Fire es entretenida, con algunos momentos graciosos y con otros tantos de indignación, en los que nos da ganas de rescatar a los personajes femeninos de ese infierno armado a medida de los deseos masculinos. Y pensar que aún son muchos en el mundo los que siguen viviendo de esta manera… ¿quién se atrevió a decir que el feminismo ya no existe porque no hay nada más para combatir?
Posted by Débora Dora |
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