LOVE AND SUICIDE

 

Ustedes me podrán preguntar: “D.D. ¿qué te puede causar gracia de un drama?”. Y yo les puedo responder: “Casi todo”. Pero, ojo, aclaremos, aquí no estamos hablando de una comedia dramática, de esas que nos alegran con alguna situación divertida entre tanto llanto. De esas hay bastantes y muy buenas y, por supuesto, se agradecen, porque suelen ser films refrescantes con una temática seria e importante.

Pero tampoco estoy queriendo decir que la trama de Love and Suicide,la película en cuestión, no sea seria, tampoco quiero menospreciarla hasta ese punto. El trasfondo de esta película es interesante, pero es un tema ya bastante visto y, además, no tiene ningún giro inesperado ni está tratado de una manera innovadora. De hecho me recuerda a unas cuantas películas, series y novelas.

A ver qué les parece a ustedes: una chica conoce a otra, se hacen amigas, notan que entre ellas hay algo más… hay onda, tienen cosas en común, se sienten a gusto cuando están juntas. Una hace un movimiento y la otra lo acepta. Se enamoran, salen juntas y planean vivir felices para siempre y comer muchas perdices (sí, sí como toda heroína de cuento fantástico), hasta que una de las dos se da cuenta que no están haciendo lo correcto, que eso está mal, que ella no puede seguir así, y se aleja, para dejar a la otra pobre infeliz con el corazón destrozado, y una tragedia acaba sucediendo. Sí, amigas, “pasa en la vida, pasa en las películas”.

¿Les parece conocido? ¿Acaban de ver volando a Piper Perabo en Lost and Delirious? ¿Se acordaron un poquito de Summer of Love? ¿O tal vez de Criaturas Celestiales? Y si hilamos un poquito más fino… ¿cuántas semejanzas tiene con Dear Emily, uno de los cortos de nuestra querida Katherine Brooks?

En Love and Suicide pasa exactamente eso, no es que les quiera arruinar la película, pero ya desde el título nos podemos dar cuenta de que ésta no será una historia con final feliz. No sé a ustedes, pero a mí el “suicidio” de entrada no me da muchas esperanzas… ¿Por qué siempre tiene que haber una pobre lesbiana muerta?

En fin… aquí tenemos a Emily (Sarah Reardon), que se le escapa la tortez por los poros mientras corre atolondrada y se hace la galana con la nueva chica del colegio, Kaye Canon (con ‘e’ final y una sola ‘n’), una rubiecita que se mudó hace poco con su madre ultra religiosa y su hermano “freak”, que jamás se saca el sombrero de su cabeza, o un gorro o un casco o lo que sea, a ver si todavía el sol y la luna se le caen encima…

La relación entre las chicas es inmediata, un porro de por medio y ya se están agarrando como si se conocieran de toda la vida. Aunque en realidad ellas sienten precisamente eso, una conexión como si se conocieran desde siempre.

Mientras que el romance va naciendo, Emily tendrá que lidiar con su mejor amigo, unos años mayor, que está insoportablemente enamorado de ella. Pero la chica ni cuando le dice que le parece que es un poquito (solo un poquito) lesbianota, logra desalentarlo. ¡Qué tipo más denso! Ni que ella fuera una sílfides tampoco…

Pero más allá de este inconveniente, de que la madre de Emily es bastante insoportable y no tiene manera de controlar a su hija, que está a punto de cumplir los dieciocho; de que la madre chupacirios de Kaye (Stella Johnson [si alguien me dice a quién se parece… ¡le doy un premio!]) intente mantener casta y santa a su hijita; y de que las compañeras de colegio (¡las tres!, perdón… pero no puedo parar de reírme) piensen que son dos raras, el amor trasciende y ellas parecen felices. Incluso, con una excusa banal, Emily se muda a la casa de la señora espiritual. Pero bueno… sabemos lo que está por venir, lo presentimos, sé que ustedes ya lo saben y ni siquiera necesitan haber mirado la película.

Love and Suicide resulta monótona, como expresé en párrafos anteriores; su historia ya es conocida y esta versión no aporta nada que no hayamos visto, además de algunos errores en el guión que hace que la historia sea poco creíble.

Pero, no se asusten, chicuelas, que no todo es malo y es por eso mismo que se las recomiendo: Love and Suicide alegrará sus días, les sacará una sonrisa y hasta me podría aventurar, que una sonora carcajada.

¿Por qué?

Porque, primero que nada, es una película de bajo presupuesto. Bueno… no es que contar con poco dinero para hacer un film sea gracioso en sí mismo, sino que a causa de esto hay varias cosas que… bueno… que sí causan gracia. Y vamos, que no es excusa la falta de “mosca”, porque después de todo tampoco estaban intentando hacer una nueva versión de Star Wars.

Por ejemplo… ¿el dinero no les alcanzó para conseguir un colegio que les sirviera como escenario? Ese lugar parece el patio de mi casa. Además, siempre hay amigos y conocidos disponibles para ponerlos de extras… ¿por qué a esa secundaria asisten solo cinco personas? Y, ¿por qué las cinco chicas (entre las que cuento a las protagonistas) siempre están paradas en el mismo lugar y con la misma ropa? Ah cierto, dos son porristas. Sí, sé que por esos uniformes parecen porristas de los ochenta, pero bueno… es todo lo que había en el departamento de vestuario…

Ahora siempre me voy a quedar con la duda… ¿será real, como aclaran en un momento, que una de las supuestas porristas en realidad no lo es y se hizo ella misma el uniforme para sentirse parte, y es por eso que el color de los dos uniformes es distinto? Mmm… ahora me hicieron dudar…

Después yo me pregunto… ¿los actores salían más baratos si carecían de habilidades actorales? Yo creo que hasta se puede encontrar gente que trabaje bien y ad-honorem, ¿qué actor novato no quiere estar en una película? Bueno, se ve que a estos no les pagaron y los deben haber matado de hambre, porque yo asumo que sus espantosas actuaciones fueron una especie de venganza para las creadoras del film, una tal Mia Salsi (que además la dirigió) y Mimi Loftus.

Tal vez alguna de las protagonistas tenga un momentito de gloria, pero así como llega, se esfuma rápidamente. Ahora, el premio a la peor actriz es para (“ta tan ta tan”): la madre de Kaye. Oh, my Goddess, ¿de dónde la sacaron a esa mujer? ¿La sacaban del pabellón siquiátrico cada vez que necesitaban filmar, pero antes la sometían a una sesión de electroshocks? ¡Esta seudo actriz llamada Judy Henderson (sí, debo nombrarla) me subleva!

Así como estoy siendo totalmente malvada con esta película, también debo reconocerle que tiene algunos momentos (no demasiados) que son bastante reales, pese a las malas actuaciones, y consigue en algunas oportunidades imprimirle un cierto aire fresco. Son esos ratitos donde lo que dice alguno de los personajes parece decirlo algún amigo o nuestra propia madre. Situaciones reales que hacen que cualquiera, gay o heterosexual, se pueda identificar.

¿Quién no ha tenido que lidiar con un amigo enamorado alguna vez y no sabe de qué manera hacerle entender que no queremos saber nada? ¿Quién no se ha sentido oprimida por los padres o criticados por la madre? ¿Cuántas de nosotras fuimos incomprendidas y nos creímos únicas en el mundo? Sí, piénsenlo… ¿cuántas personas tienen hermanos que salen a las tres de la tarde a abrir la puerta usando cascos con serpentina que cuelga?… bueno, yo no tengo hermanos… pero puede pasar…

Y sí, hay otras cosas que no son muy creíbles. ¿Cómo hace Emily para convencer tan fácilmente a su propia madre y a la de su novia de que la deje mudarse con los Canon? ¿Cómo puede ser que la madre de Kaye (además de que debe estar drogada con algún fármaco tranquilizante para que no ataque al resto del elenco) no se dé cuenta de que algo demasiado raro (y pecaminoso, según ella) está pasando en el cuarto de su hija?

La escena de sexo… mmm, es aceptable y larga. Es medio incómodo meter mano intentando que la sabana no se mueva del sector que tapa, pero bueno... se puede decir que es afectuosa. Lo que sí es bueno es que hay varios besos durante la hora y media que dura la cinta. Al menos sus labios se rozaron más que los de Ashley y Spencer en South of Nowhere… ¡y a ellas sí les pagaron!

La parte más hilarante: Emily siendo tironeada por dos grupos de gente, como si fuera una soga, y que la realizadora se crea que con solo agregar un par de anteojos a las protagonistas las puede personificar diez años más tarde.

Ahhh, cómo olvidarlo… hasta el momento en que vi esta película jamás me imaginé que una cachetada propinada con tanta lentitud pudiera sacar sangre de un labio.

Más interesante: la moraleja.

“¡Muchacha con inclinaciones sáficas, si no seguís tus sentimientos vas a terminar toda suicidada! Pero en cambio, si por fin salís del closet y vivís tu vida a tu manera, conseguirás que el pelo se te planche, que unos enormes anteojos de sol cubran tu rostro y te hagan parecer a una estrella de cine y que, con suerte, además manejes un Mercedes.

Ah, sí… y las risas… ay, las risas… solo por las risas vale la pena mirar esta película.

 

Posted by Debora Dora