LOVING ANNABELLE

 

Tengo una pregunta para todas las amazonas que nos leen: ¿Alguna vez se enamoraron de una profesora? O, por lo menos… ¿tuvieron ese enamoramiento que hace que esperemos con ansias el día de su materia, para que entre por la puerta y comience a tomar lista? Mmmm… yo estoy segura de que a más de una le debe haber pasado.
¿Quién no se quedó alguna vez prendada de la hermosa maestra que nos enseñaba a leer o a aprendernos de memoria las tablas? O, cuando ya comenzaba a despuntar en nosotras el gustito sáfico, ¿quién no escuchaba atenta las extensas explicaciones de la morocha de matemáticas, dejando de lado los gráficos de barras (porque obvio, preferimos los de tortas) para sumergirnos en vividos sueños donde ella sólo usaba una bikini color borgoña y caminaba por la playa con su cabello húmedo?

Bueno, debo reconocer que jamás me pasaron estas cosas, al menos no en mi época de secundaria. Pero había una profesora, mientras estudiaba periodismo, que deleitaba mis ojos todos los miércoles por la noche. Que, tal vez, no era lo que se dice linda, pero era ese tipo de persona que entra en un cuarto y lo ilumina con su actitud, con su sonrisa y sus chistes.

Pero lamentablemente nunca tuve una profesora de literatura como la gente. Una mujer apasionada por su trabajo, que lea poesía con el tono exacto que requiere cada línea o que desentrañe los más misteriosos detalles de aquella clásica novela que nos obligará a leer durante las vacaciones de invierno. No, nada parecido a la rubia de pelo corto que aconsejaba a la protagonista de La Verdad sobre Jane, y menos aún, ninguna similitud con, la también rubia, Simone (Diane Gaidry), de Loving Annabelle, la película que nos ocupa hoy.

¿Quién no se enamoraría de esta mujer que dedica todo su tiempo a lo que ama? Da clase con placer, le encanta hacer participar a sus alumnas y generar el gusto por la lectura y el análisis. Es amable, agradable, compinche y preocupada por los intereses de las chicas; ella sabe lo que es vivir allí, ya lo pasó. Y además, para su edad, se mantiene, debemos decir, ¡muy, pero muy bien!

¿Cómo alguien puede culpar a la Annabelle (Erin Kelly) del título por caer rendida a sus pies? Porque estoy segura de que todas nos babosearíamos igual, pero ¿alguna realmente se animaría a jugársela como ella?

Bueno, no todas somos Annabelle. La chica lleva una historia a cuestas que la transforma en lo que es hoy. Un bagaje interesante que la convertiría fácilmente en la típica rebelde de la escuela. Hija de una famosa senadora, a quien parece estorbar, llega al internado luego de que su madre la deposite (y creo que es la palabra adecuada) en la puerta del establecimiento, y la deje allí sin siquiera despedirse. Una niña que recibe poca atención de sus progenitores y hace cualquier cosa para llamar la atención; no por nada ya fue expulsada de varios colegios.

Pero la guionista y directora del film aleja a Annabelle del estereotipo de niña mimada y rebelde. No es la típica adolescente que hace lío y espera su castigo con sonrisa triunfal. Pero obvio, si analizamos su comportamiento con respecto a las normas de un internado católico, y teniendo en cuenta que ni siquiera profesa esta religión, la chica es “la rebelde” del colegio. Tiene reflejos en el pelo, una argollita en la nariz, está llena de cadenas y anillos (destacándose, por sobre todo, unas runas budistas, que serán el elemento central que comience a acercar a las protagonistas), fuma y piensa (¡que horror!) y tiene una actitud que hace que esté más allá de todas las cosas vulgares y ñoñas que suceden entre aquellas paredes.

Annabelle tiene un alma vieja que trasparentan sus ojos claros. Es sabia, atenta, inteligente, considerada, intuitiva, madura y segura de si misma, ah, sí, y además es lesbiana. Bueno, ella nunca dice que lo sea; de hecho, sólo una vez se pronuncia esta palabra en toda la película. Ella no se etiqueta, sólo vive lo que siente.
Entonces, ¿quién puede culpar a Simone, la profesora de literatura de 32 años del internado Saint Theresa, por corresponder los sentimientos de su alumna?
Es este, precisamente, el dilema que Katherine Brooks decidió tratar en su opera prima, estrenada en el 2006 y que le valió elogiosas criticas, y unos cuantos premios y nominaciones en varios festivales. Y es que Loving Annabelle es realmente una buena película. Primero que nada porque presenta el tema sin emitir juicios de valor. Se anima con audacia a mostrarnos una historia de amor, sobre todas las cosas, que deja de lado leyes, morales, y pensamientos conservadores, y nos da ganas, incluso a los más moralistas, de ver un hermoso final feliz. Pero lo hace con cautela, sin excederse, sin inmiscuirse de más, dejándonos a nosotros, los espectadores, el deseo de introducirnos en sus vidas, conocer su pasado y vivenciar el comienzo de la prometedora relación.

Lo de ellas empieza de a poco; un vínculo que se va construyendo desde abajo y saltando barreras, especialmente las que la misma Simone coloca en el camino. Podría, para Annabelle, ser sólo una fantasía, un amor platónico; pero la chica, con una intuición aguda, ve las llamas en los ojos de su profesora. Arden tenues, pero allí están, falta solamente una pequeña chispa, un poco de aire, para volver a crecer. Nada más.

Avanzadas las clases y de a poco, la chica comienza a mirarla con ganas y se anima a ser provocativa y lanzada, sin caer en la vulgaridad. Segurísima de su sexualidad, pero sin ser arrogante, la adolescente llama la atención de la mujer.

Se inicia el cortejo y las confesiones, y Simone se ve atrapada en un callejón sin salida aparente. Annabelle despierta cosas en ella que estaban guardadas en un cajón, bajo tres llaves y que, tal vez, jamás hubiese imaginado que volverían a ver la luz. Pero allí están, en forma de fotos, y los recuerdos reaparecen. Simone está sola, desorientada, confundida, con un novio (un profesor de otro colegio) que quiere avanzar en su relación, pero ella no puede… o no quiere, o no le interesa.

Hay algo allí, en sus clases, que sobresale. Que brilla en la oscuridad. Y comienza el acercamiento, lento y progresivo, con dudas y penitencias. El resto de la vida, el pasado y el presente se desdibujan cuando las dos están juntas en pantalla (les sucede a ellas y nos sucede a nosotras, que observamos, expectantes, sin que nada más intervenga); ya nada importa.

Aunque no sabe que hacer, a la profe le pica el bichito. Se siente atraída por la mirada penetrante y segura de Annabelle; se siente curiosa, pero no puede. No es lo adecuado. De todas maneras, y como decía Tanguito, “el amor es más fuerte” y Annabelle se convierte en el catalizador de sus tristezas, sus dudas, y también de todos sus sueños. ¿Quién puede destruir lo que sienten estas dos mujeres?

Y sí, vamos a decirle mujer, aunque sólo tenga 17 años, porque la chica demuestra, no sólo ser las más experimentada de las dos, sino que además, más allá de los miedos que puedan surgir, ella es la que se juega, desde el principio, un 100 %.

Otro gran logro de la película es dejar de lado el tema del lesbianismo. Sí, podemos calificar a Loving Annabelle como una película lésbica, después de todo es una relación entre chicas, pero en el film, eso es lo de menos. No parece molestar que sean mujeres, al menos no es eso lo que las condena en el final, previsible, para las que aguzaron de entrada los sentidos, y se dieron cuenta al ver a aquel personaje secundario que sería la piedra de la discordia. Aquí son otras cosas las que importan; la diferencia de edad tal vez, aunque no tanto como la relación profesora-alumna.

Pero también hay otras relaciones en la película: madre-hija, tía-sobrina, amigas-compañeras. Y aquí es probablemente donde resida el mayor error de la película: estamos tan centradas en la relación floreciente, que dejamos de lado a los personajes secundarios, que a veces están allí sólo para decorar el ambiente, y eso abre multitud de interrogantes que nunca serán respondidos.

Poco sabemos del pasado de las protagonistas; sólo lo justo es mostrado, pero todo el tiempo nos quedamos con ganas de saber más, de conocerlas a fondo. Ojo, todo esto no le quita merito al film, quizás sea, precisamente, un movimiento astuto de la realizadora para que fijemos toda nuestra atención en las protagonistas y nada más que en ellas. Pero es una lástima, más que nada por el hecho de que la cinta dura menos de 80 minutos, y realmente se podrían haber agregado datos, o haberle dado algo más de espacio para ver crecer a la pareja. Pero no, Brooks nos deja a los gritos cuando la hermosa frase del poeta Rainer Maria Rilke cubre la pantalla, y ni el hecho de haber bajado la película junto con fotos, escenas borradas, trailer y un final alternativo, me dejó conforme.

El film fue gestado a los largo de casi cinco años, pero en realidad la idea daba vueltas en la cabeza de la creadora desde que tuvo la oportunidad de ver una de las primeras películas de temática lésbica: Mädchen in Uniform (Alemania, 1931) que plantea un tema similar, e incluso tiene dos finales, pero por supuesto el alternativo y feliz es el que nunca se ve.

De ahí en más comenzó a forjar el guión, mientras se ganaba la vida dirigiendo algunos de los reality más famosos de los Estados Unidos: las tres temporadas del loco show de Los Osbournes; The Real World, uno de los pioneros en el tema; Newlyweds, siguiendo la muy interesante y superficial vida de unos cantantes recién casados, y The Simple Life, con las inteligentísimas Nicole Richie y Paris Hilton. En fin… Aunque Katherine asegura no enorgullecerse de los mismos (yo tampoco lo estaría), dice, con su experiencia, haber aprendido a observar.
 

Brooks, una mujer muy interesante de 31 años (les dejo foto, y sino también la pueden ver en las fotos que Simone colorea en la película. Se podría decir que está bastante dable, por lo menos es mi opinión…), lesbianisima, militante, vegetariana, que practica yoga y meditación, y viaja una vez al año a Asia, para desenchufarse de su vida californiana, vio su sueño hecho realidad cuando, en una obra de teatro, se topó con Erin Kelly, que debía estar en pleno desarrollo adolescente, y la abordó directamente; necesitaba saber si era actriz, ya que ella era justamente lo que estaba buscando. Y debemos decir que tuvo suerte, ya que Erin actuaba en publicidades y obras desde que era una niña, y además, le encantó en seguida el guión.

Las chicas comenzaron a acercarse, ojo, sólo con fines artísticos (¡espero!) y se hicieron muy unidas durante el proceso de pre-producción, que también llevaron a cabo con una gran lista de mujeres que se cuentan entre las huestes de Brooks, que suele trabajar siempre con féminas. Pero ninguna sabía que deberían esperar tanto para poder comenzar la filmación. Juntar dinero en Estados Unidos no es tan fácil. Y conseguir productores y distribuidores, tampoco. Menos cuando una de las protagonistas es una cara desconocida, por lo que Erin estuvo a punto de bajarse del proyecto (pero por suerte para nosotras, no lo hizo).

Mientras tanto, y para no aburrirse, la directora tuvo la idea de realizar un corto de temática lésbica (de hecho, ya había filmado uno, Dear Emily, que hoy forma parte de Watching You, una recopilación de historias cortas sobre lesbianas), protagonizado por Erin. Finding Kate (noten como sus tres obras de ficción llevan nombres de mujer en el título, y su próximo proyecto, Waking Madison, también) cuenta la historia, algo autobiográfica, de una chica adolescente que mantiene una relación apasionada con su prima algo mayor que ella (otro tópico que se repite). Tuve oportunidad de verlo y realmente lo recomiendo.

Pero llegó la hora de filmar la película y el otro rol protagónico aún estaba vacante. Después de mucha búsqueda, Diane Gaidry, una experimentada actriz que trabaja lejos del circuito hollywoodense, apareció tres días antes de comenzar la filmación y tanto Brooks como Erin coincidieron en que era la indicada para representar a Simone.

Y no se equivocaron. La co-fundadora, junto a su marido también cineasta, de la Filmmaker Alliance, le imprimió la vulnerabilidad necesaria a esta mujer madura y sensual. Por supuesto Erin Kelly también fue una excelente elección para el papel de Annabelle. ¡Y que buena que está esta chica! Es retacona, bien torneada, lo que se dice, fácil de mirar. Bueno, digamos que es preciosa, una mezcla entre Thora Birch (Belleza Americana) y Kristen Bell (Verónica Mars). Mirada penetrante y sonrisa que te derrite; sí, tiene lo justo para ser el nuevo objeto de deseo de todos los pastelitos. 

El resto de los actores, como dije antes, están sólo para decorar. No son demasiados conocidos. Merece la pena nombrar a una de las estudiantinas, Colins, interpretada por Laura Breckenridge, la más chica de las hermanas de la serie Related, que un tiempo atrás Warner tenía entre su programación. Bastante distinto es su look al de aquella serie; aquí Breckenridge luce como una tímida alumna, conflictuada y rara, de pelo similar al de Hermione, a la que sus compañeras tienen de punto.

Pero obvio, yo sé por que las conozco de sobra, que todas ustedes están esperando mi comentario sobre la escenita de sexo. Sí, chicas, lamentablemente hay una sola, que se le va a hacer. Pero debo decir que vale por muchas. No quiero comentar demasiado, si no les arruino el momento. Pero sólo voy a decir que te deja con la boca abierta y la piel de gallina. El feeling que tienen Kelly y Gandry se hace palpable. Excelente momento en el film; una escena muy bien cuidada y de las mejores que he visto en los últimos tiempos.
Definitivamente Loving Annabelle es una película para no dejar pasar. ¡Están advertidas! 

 

FICHA

TITULO ORIGINAL: Loving  Annabelle
ORIGEN: U.S.A.
GENERO: Drama romántico
DIRECCIÓN: Katherine Brooks

ELENCO: Diane Gaidry, Erin Kelly, Ilene Graff, Kevin McCarthy, Michelle Horn, Markus Flanagan, Marla Maples, Laura Breckenridge

AÑO: 2006
 

Posted by Debora Dora