NINA'S HEAVENLY DELIGHTS
La comida es uno de los elementos más importantes en nuestra vida. El aire y el agua, por supuesto, hacen su parte, ¿pero qué haríamos sin alimentos? Y tan importante son que el cine, en misión de acaparar todo lo que sucede en la tierra y plasmarlo en la pantalla para contar historias, se ha servido muy bien de esta función vital para todos los seres vivos.
Hemos almorzado Tomates Verdes Fritos en el café de Idgie y Ruth; nos dejamos enamorar con Condimentos para el Amor (Mistress of Spices) y seguimos a Penélope Cruz en Las Mujeres Arriba (sí, algunas la siguieron; no es mi caso) mientras preparaba sus delicias frente a la cámara. La Sal de la Vida nos hizo emocionar y Como Agua para Chocolate mezcló los ingredientes necesarios para derretir nuestro corazón.
¡Qué romántica! ¡Y qué cursi! Sí, lastima que solo Tomates… nos puede llegar a interesar, pero para eso hay que leer el libro, ya que como hemos dicho con anterioridad, en la película la relación amorosa entre las protagonistas no es explícita. Pero el año pasado un nuevo film apareció en nuestros menús e incluía en la preparación unos condimentos bastante interesantes.
¿Quieren saber qué obtenemos si mezclamos una mujer india especialista en la cocina, un desafío culinario y otra mujer que está decidida a ayudarla a superarlo, y lo maceramos con un poco de lesbianismo y una pizca de amor?
¡Nina's Heavenly Delights! Una nueva comedia romántica dirigida por Pratibha Parmar.
Nina, heredera de los dones culinarios de su padre, vuelve a su casa en Glasgow (Escocia) luego de enterarse de su fallecimiento. Después de un largo tiempo sin verlo, debido a su huída de la casa familiar, la chica se siente culpable de no haber llegado a tiempo. En el funeral se entera de que el restaurante de su familia ha sido perdido en una apuesta y que el nuevo dueño está dispuesto a tomar posesión de inmediato. Pero hay otra cosa más en su camino: el famoso concurso de comida donde su padre se ha anotado antes de fallecer, y en el que el negocio ya ha salido dos veces campeón, y por supuesto, Nina está dispuesta a conciliarse con todo lo que su progenitor le ha enseñado. Obvio, no va estar sola. Lisa es la novia de su hermano, pero presenta poco interés en él y, en cambio, en seguida cruza sus ojos con los de la protagonista.
Aderezando la situación también tenemos al amigo gay y plumífero de Nina; el conflictivo hermano, y a la más chica de la familia que solo sueña con bailar. Además, para complicar las cosas, también sigue presente el ex prometido de Nina, un tipo que se quedó con la sangre en el ojo, ya que la chica huyó antes de su boda, y que será su principal competidor en el concurso.
El tema raza no parece influir tanto como el tema sexual; la típica familia india no aparece en todos su esplendor con sus curiosas costumbres y sus prohibiciones basadas en la fe, como se puede apreciar en la interesante Bend It Like Beckham, o en la también lesbica Chutney Popcorn. Aunque apenas se vislumbra la rigidez de la madre en cuanto a las parejas interraciales, sí notamos un poco de la obsesión de que su hija se case de una buena vez por todas.
Pero lo que sí obtenemos es una visión exhaustiva de diferentes platos típicos de la cocina india, tanto es así que hasta parece que los olemos, mientras Nina le enseña a Lisa cómo cocinar. ¡La película da hambre!
El título del film es extraído de un servicio de catering que poseía la hermana de la directora (nacida en Kenya, pero criada en Londres), y el guión es de alguna manera una referencia autobiográfica, ya que está basado en su propia historia romántica con su actual pareja que, al igual que Nina y Lisa, se enamoraron en la cocina, mientras preparaban curry. Shelley Conn (Charlie y la Fabrica de Chocolate) y la escocesa Laura Fraser (Corazón de Caballero) fueron las elegidas para convertirse en la pareja principal que deberá luchar contra las reglas familiares y los tabúes de la sociedad.
Nina's Heavenly Delights no tiene la fuerza necesaria para convertirse en el plato principal de nuestra cena. Podríamos decir que es simplemente una entrada que entretiene nuestro estómago hambriento por un rato, pero no colma nuestras expectativas. No hay condimentos afrodisíacos que aumenten nuestro deseo, y mientras lo degustamos, intentamos saber cuál es realmente el ingrediente que se esconde bajo los otros sabores.
Tal vez una pizca de sal o un trozo de realismo. Creo que es difícil advertir qué es lo que falta para convertirlo en una verdadera delicia, en un plato único.
Posted by Debora Dora. |