SAVING FACE

 

 

 

 

En folklore se le llama “transplante” o “transculturación” al hecho que se produce cuando una pequeña comunidad se instala en el territorio de otra nación, en donde siguen manteniendo sus costumbres e idiosincrasia. En toda América podemos encontrar vastas muestras de este fenómeno, que se ha producido a lo largo del tiempo debido a diversos factores, como las guerras, hambrunas o las migraciones masivas con el fin de poblar nuevas tierras.

Estados Unidos es el perfecto ejemplo de esto; el amplio país cuenta con algunas de las ciudades más cosmopolitas del mundo. Chinatown y la Pequeña Italia son el reflejo de esta transculturación; lo mismo sucede con los barrios latinos que se repiten en las metrópolis más importantes.

El cine ha hecho uso y abuso de las historias que giran alrededor de este fenómeno porque, no sé a ustedes, pero a mí me parece muy interesante conocer cosas nuevas sobre otras comunidades. Y además, siempre resulta atrayente ver cómo la gente debe combinar su cultura ancestral con los modismos de las ciudades modernas en las que habitan.

Las historias que se cuentan suelen tener, casi todas, la misma base: joven (hombre o mujer) que intenta equilibrar su vida (deseos, profesiones, amores con gente de otro origen) y las costumbres cerradas de sus familias. Chinos, japoneses, judíos, latinos, hindúes, musulmanes suelen ser las culturas más ricas para exponer.

En el caso de Saving Face, Wil (Michele Krusiec, actriz que tiene en su haber unas cuantas series y películas, aunque este es su primer rol protagónico) es una joven china, doctora cirujana muy buena en su especialidad, que vive en su propio departamento y es bastante solitaria e introvertida. Ah sí, me olvide de decirles que es lesbiana, pero asumo que eso ustedes ya lo sabían.

Wil tiene poco de tradicional, salvo por las camisas serias que utiliza, que en el mundo familiar son de uso exclusivamente masculino. Eso es porque ellos no saben que también son patrimonio de muchas tortonas, pero obviamente es difícil que lo sospechen, porque nadie tiene idea de que la chica es del gremio. Bueno, nadie salvo un amigo que siempre la salva de los candidatos que Ma (Joan Chen, una estrella en el cine chino, la elegida de Bertolucci para protagonizar El Último Emperador), la madre de la chica, se preocupa en conseguirle. Es que la señora está muy sola; perdió a su marido cuando Wil (versión corta de Wilhemina. ¡Pobre, la mataron con ese nombre!) era pequeña, y ahora que volvió a vivir en la casa familiar, no tiene mucho que hacer más que preocuparse por la nena (que ya roza la treintena).

Cuando una joven china, Vivian (Lynn Chen), aparezca frente a la protagonista y la haga babear, sabremos que Wil está en problemas. Más por el hecho de que la otra joven es bailarina y, bastante moderna, también intenta compaginar sus sueños con los de su padre.

Hasta acá tenemos una premisa interesante, aunque no demasiado original. Pero debo decir que Saving Face (que recibe este nombre del concepto social de “face” que tienen los asiáticos; concepto relacionado con la moral y el prestigio de la persona; además de poder asociarlo también, en este caso, con el hecho de que tanto la madre como la hija “salvan caras”, la primera por trabajar en un salón de belleza, y la segunda por ser una cirujana de rostros)  me sorprendió, porque con una vuelta de tuerca, cambió el foco y otorgó nueva luz sobre el asunto.

«No escupas para arriba», dicen muchos y Ma debería haberlo sabido mientras cuchicheaba en los bailes de la comunidad con sus también chusmas amigas, porque ahora es ella la que está rompiendo las tradiciones y avergonzando a su familia y, antes de que las habladurías corran más rápido que la luz, el rígido patriarca la echa de la casa y Ma termina viviendo en el departamento de su hija. ¡Qué alegría!

Lo bueno de este film es que no es puramente lesbico, digamos que el lesbianismo es importante porque es el gran secreto que carga la doctora, pero Saving Face es mucho más que solo eso. Trata sobre la relación entre ella y su madre, no tanto sobre el asunto sáfico en sí. Wil ya sabe que es lesbiana, no lo descubre luego de golpearse la cabeza, o porque sintió escozor en el bajo vientre al cambiarse junto a otra chica en un vestuario. El asunto está claro, el problema no es asumir su sexualidad, sino el típico “¿cómo y cuándo se lo digo a mamá?”, además del agravante de saberse inmersa en una cultura que probablemente no lo digerirá muy bien.

Lo importante es dejar caer las máscaras para enfrentarnos a la gente que nos quiere, el ser fieles a nosotros mismos, no escuchar las habladurías y el sentirnos orgullos de lo que somos, animarnos; esos temas son los que sobrevuelan está película del 2004, por supuesto sin dejar de lado las costumbres de esta comunidad. Yo le digo algo señora, al menos piense que la nena se consiguió una bonita chica oriental (y sí que es bonita) y no algún vago que reparta flores junto a los Hare Krishna en los aeropuertos. ¿Qué más quiere? No moleste y ocúpese de su embarazoso conflicto.

En cuanto a lo que nos interesa (¡atrás, leonas!) hay un poco de todo, unos cuantos besos y un par de escenitas bastante interesantes que recaen en estas dos actrices, cuya química envidiaría más de una pareja de actores. La onda entre ellas es palpable, desde las miradas (tímidas las de Wil, pícaras las de Vivian) hasta los hermosos momentos, como el que sucede junto a la máquina expendedora o el de la caída. Obvio, para coronar: una interesante escena de cama que es divertida, tierna y erótica a la vez, un enorme logro de la directora.

Basado en algunas experiencias reales, como su propio coming out, Alice Wu (a quien se la puede ver haciendo un cameo en el film: es la chica que come una manzana en la escena del autobús) escribió el guion de esta comedia dramática llevadera y simpática, que ganó un importante premio que le permitió financiarla (además, luego, Will Smith se unió  a la producción de la cinta). En este momento, la directora, hija de inmigrantes chinos, está en plena preproducción de una nueva cinta: Foreing Babes in Beijing, que si resulta tan buena como esta, estoy ansiosa por ver. Así que ¡no pierdan tiempo, chicuelas! ¡A verla! Que una película con personajes tortones auténticos no se encuentra todos los días.

 

 

 

Posted by Debora Dora