April's Shower

 

Hace algunos años que la Argentina adoptó la costumbre del “baby shower”, donde las mujeres y su instinto maternal se reúnen a festejar la llegada de un futuro bebé y llenan a la madre de regalos en una tarde de té, masitas y mucho revuelo edulcorado.
Pero por suerte todavía seguimos exentos (o al menos de forma masiva e institucionalizada) de otro shower: el “bride shower” que en Estados Unidos causa sensación entre las féminas que están a punto de contraer matrimonio. No dista demasiado de la otra celebración (pero sí de lo que conocemos como “despedida de soltera”), solo que no hay embriones gestándose, y los biberones serán reemplazados por vibradores, y en vez de envolver batitas, probablemente regalen ropa interior con ligas incluidas.
En una de estas reuniones vespertinas es precisamente donde toma lugar el film April's Shower (no confundir con la nueva April Shower, porque se van a encontrar con tiros, muertes y violencia juvenil en los colegios). Esta obra de corte independiente, escrita, dirigida y protagonizada por Trish Doolan en 2003, se desarrolla en pocas horas, pero suceden demasiadas cosas en esta tradicional reunión.
El escenario es la casa de Alex (Doolan), que acaba de ser nombrada “dama de honor” de la boda de una antigua amiga, y como consecuencia está a cargo de la preparación de la reunión. Qué suerte que es chef y puede preparar ella misma exquisitos platos; si fuera yo la encargada solo podría hacerles unos miserables panchitos.
Está claro desde un comienzo que hay algo más en la furia de la mujer que está como una histérica ultimando detalles y maldiciendo a la April del título (Maria Cina) por haberla condenado a pasar por ese infierno. Y lo sabemos no solo porque hay pequeños indicios en la primera parte del film, o porque hayamos leído el argumento, sino porque nuestros radares estallan apenas la vemos. Desarreglada y poco convencional, a nosotras Alex no nos puede engañar.
De a poco nos vamos sumergiendo en la historia y comenzamos a atar cabos: ¿por qué April se casa tan rápido con un hombre que conoce hace pocos meses? ¿Por qué su madre está tan feliz de que su hija finalmente haya encontrado un esposo después de tanto tiempo sola? ¿Por qué ella y Alex ya no son tan amigas como antes?
Está clarísimo, entre las dos pasó algo. ¿Qué? Eso no se los voy a contar, para saberlo deberán mirar este entretenido film. No busquen encontrar una representación antropológica del hombre y su problemática en sociedad, ni hallar la respuesta a los misterios del universo, o extraer de su argumento alguna reflexión metafísica o existencialista. O quizás, sí, nunca se sabe lo que se puede encontrar una vez que traspasamos la superficie. Pero como base déjenme augurarles un grato momento, rodeado por un muestrario de excéntricos personajes que circulan por esta enorme casa, se comienzan a relacionar entre sí, y se mezclan de manera extraña con los demás.
La madre desesperada; una prima aparatosa; la típica amiga chusma; la típica amiga yegua; una psicoanalista (que está muy buena); una pobre mujer que ha perdido un bebé y su situación tragicómica; la cuñada de la novia, que además es actriz porno; una stripper gatuna, sáfica y ¡argentina!; y una pareja de mujeres: una artista incomprendida (que está para comérsela cruda) y una chica de sangre latina y falta de compromiso.
No es exclusivamente una película de mujeres, los personajes masculinos completan el paisaje: el hermano bohemio de la dueña de casa; el novio paparulo; el muchacho que reparte pizza, vio luz y entró; un pesado extranjero que zumba alrededor de la psicóloga; y el típico amigo gay que toda chica desea tener (¿?).
¡Cuántos personajes! Y cuántos tópicos comunes a otras películas de temática: la salida del closet, la vergüenza, el rechazo, el “qué dirán”, la convivencia acelerada, la separación más rápida aún, la pareja de lesbianas peleadoras y, ¡uff!, unos cuantos más, abordados desde una óptica ligera y superficial, a veces poco creíble, pero divertida.
Esto, ni más ni menos, es April's Shower.
Se agradece la frescura; estamos hartas de celos, muertes, suicidios (¿no es casi lo mismo?), separaciones, asesinatos (similar), tortas malas, tortas arrepentidas, padres intolerantes y cualquier otro tópico dramático que ya haya gastado Ilene Chaiken en sus siete temporadas de The L Word.

 

Posted by Débora Dora