SOUTH OF NOWHERE

 

Dicen que la curiosidad mató al gato… bueno, jamás le presté mucha atención a esta frase popular porque, como pueden ver, mi curiosidad crece día a día. De esta manera, y con un poco de tiempo libre, estuve surfeando por la red, y entre mis visitas a unas cuantas páginas web de mi agrado (la mayoría de temática lésbica) reparé en una serie que llamó mi atención. Por supuesto, como buena amazona, Débora Dora siempre está al tanto de todo lo referido al mundo sáfico, y ya sabía que la serie en cuestión, South of Nowhere (de ahora en más, vamos a llamarla como los fanáticos lo hacen: SON), ahondaba en la vida de una parejita de chicas adolescentes. Siempre la tuve presente, pero recién ahora que el clima fue el indicado, se alinearon los planetas y terminé de bajar la tercera temporada de The L Word, me decidí a obtener este programa del que tanto se habla en Internet.
SON es una serie compuesta de dos temporadas (24 capítulos en total) que sale al aire por el canal The N… ¿what? Sí, sí, yo dije lo mismo: ¿qué es eso? The N es un canal de cable dedicado a adolescentes, que pertenece a la famosa cadena musical MTV, y que trasmite, además de este show, el más conocido Degrassi. Según ellos mismos, su canal se ocupa sólo de lo que es importante y es real, obvio para este mundillo teen.
Y como buen programa dedicado a este publico, SON nos presenta la historia de una familia, los Carlin, que deja su Ohio natal y se muda a la movidita ciudad de Los Ángeles, pero siempre centrándonos en los hijos, especialmente en la niña del clan. Hermosa casa residencial, una cruz velando por todos en el comedor; madre médica (Maeve Quinlan), padre consejero (Rob Moran). El hermano mayor, Glenn (Chris Hunter), un rubio que se cree bonito y debe ser bonito (no para mí, eso está seguro) porque tiene mucho levante, es una estrellita del básquet, altamente superficial y descerebrado. Luego tenemos a Clay (Danso Gordon), un muchacho de raza negra… ehhh… sí… yo también arquee la ceja cuando dijo que los tres eran hermanos, así que por supuesto, y como todas se imaginarán, el chico es adoptado; bastante diferente de su hermano, es respetuoso, agradable y un excelente y dedicado estudiante. Y por último tenemos a Spencer (Gabrielle Christian), una muchacha de 16 años, que la verdad no tiene demasiada gracia, que era porrista en su antiguo colegio e intentará hacer lo mismo en su nueva secundaria.
Pero obvio, para que haya show tiene que haber conflictos, sino la cosa no tiene gracia. Así que, como veremos a los largo de los episodios, la familia fervientemente católica no es tan perfecta como todos creen. La madre se ve envuelta en un affair que hace que su matrimonio con el buenazo de Arthur tambalee. Glenn sigue demostrando que es un tarado en cada una de sus actitudes, brilla en la cancha, despojando de su corona a Aiden (el futuro rey del baile) y además le birla a la novia, Madison, la capitana de las porras, interesada, hueca y más superficial que él, si es que eso es posible; pero una lesión podría burlar su brillante futuro. En el caso del otro hermano, deberá enfrentarse a la discriminación de la gran ciudad, tendrá que forjar su identidad y además encontrarse con sus orígenes.
Pero todo el show gira en derredor de Spencer, que desde que arriba a su nueva escuela hace una metamorfosis de niña perfecta en oveja negra de la familia. Es que en el colegio se cruza con Ashley Davies (Mandy Musgrave), una chica de gran personalidad, pero que carece de todo aquello que tiene la rubia: una familia que la quiera y la aceptación de su gente. Con su historial podría haber salido peor, pero dentro de todo, la morochita tiene un gran corazón. Obvio, la madre de Spencer, altamente conservadora, pone el grito en el cielo: esa no es una buena compañía para su querida hijita, y no sólo porque Ashleysea la hija de un famoso músico de rock al que ve contadas veces en el año; no porque su madre sea lo que se dice una autentica perra que se desentiende de su hija y se la pasa metiendo hombres nuevos en su mansión; tampoco por el hecho de que la chica viva prácticamente sola, rodeada de lujos y comodidades y maneje un autazo, no, no, no, todo se debe a que simplemente la muchacha es lesbiana. Sí, sí, lesbianota y de las mejores.

¿Y ustedes que creen que puede pasar?

Obvio, Spencer, como buena adolescente, anda perdida en la vida, buscando su lugar y cuestionándose todo, y cuando comience a frecuentar a la morocha, su sexualidad también será puesta en duda, pero lentamente irá enamorándose de ella sin reparos.
Hay algunos personajes secundarios, por supuesto. Tenemos a Aiden (Matthew Cohen), el morocho musculoso y seductor que es abandonado por Madison (Valery Ortiz, una bonita latina que parodió a J.Lo en Date Movie), cuando pierde el protagonismo en la cancha de básquet. Que ha tenido una intensa relación con Ashley, aunque ahora son sólo amigos, y que obvio irá a la caza de Spencer en cuanto la vea. Pero que terminará siendo un tierno, aunque en un principio no lo parezca. Madison, en cambio, empezará siendo una perra y… seguirá siendo una perra, y aunque en un comienzo sólo vivirá para el continuo cruce de ponzoñosas palabras con Ashley, pronto comenzará a ocuparse de sus propios asuntos.
Después también tenemos a Chelsea (Aasha Davis) y a Sean (Austen Parros), la novia y el amigo de Clay que… mmm… ah, sí, realmente no me importa. Y más adelante aparece una nueva hermana (Eileen Boylan) de Ashley, pero… también me resulta intrascendente.
Hasta allí tenemos, a rasgos generales, el argumento y los conflictos principales que mueven la trama. Pero quiero que algo quede claro, queridas colegas, todo esto que les conté y todo lo que tengo en mi mente, son supocisiones y deducciones de lo que vi hasta el momento. Ustedes dirán… ¿qué está pasando con Debora Dora? ¿Ya está tan quemada que no puede ni siquiera entender una simple serie? No, mis amigas. Sí, bueno, estoy muy quemada (por eso me vendrán genial las vacaciones que me tomo la semana entrante), eso no es una novedad, pero es que para poder ver y apreciar South of Nowhere hay que dejar de lado todo lo visto hasta el momento (a menos que lo único que miren en TV sea Gran Hermano, o cada uno de los reality que se trasmiten vía MTV, y ya estén acostumbradas…).
¿Por qué digo esto?
SON parece hecho especialmente para los nuevos adolescentes que padecen de un importante déficit de atención, y no pueden seguir una conversación que dure más de un minuto. Todo se mueve acelerado, y no es porque sea un efecto de cámara o edición, ni siquiera es que posea una imagen audaz, simplemente los asuntos no tienen duración, los conflictos se solucionan en un abrir y cerrar de ojos y muchas veces ni siquiera se muestra como.
Lo que en la vida real conlleva un proceso de días, semanas e incluso meses, se resuelve entre un bloque y el otro. Por ejemplo: volverse adicto a las drogas, darse cuenta que hay un problema y en seguida tratarse y pasar por los típicos estados de abstinencia. O gustar de alguien, enamorarse, sacarse las dudas, concretar, mantener un romance oculto, que se descubra, que se arme la hecatombe y que se acepte con la misma simplicidad con que todo comenzó. Si, además, los problemas conyugales se resolvieran así de fácil… la vida sería tan simple.
Al programa le falta pasión, sí, esa sería la clave, le falta pasión y profundidad en el tratado de los temas. Es un show desprovisto del drama necesario para lidiar con conflictos de suma importancia, ya sea en el mundo adulto o en el adolescente. Carece, además, de una linealidad que haga posible la resolución de conflictos. Y ojo con parpadear, que se podrían perder el desenlace, el the end, de aquel climax que fue construido en pocos momentos, para culminar más rápido aún.
Olvídense de Sugar Rush, de su irreverencia, de la ironía característica del humor ingles. Nada de sexo, nada de cepillos de dientes, ni manoseos en la cabina del baño. También son estudiantinas traviesas, pero en este caso las travesuras quedan en la oscuridad, si es que realmente las hacen.
Ojo, el programa tiene cosas muy buenas también. Ha generado polémica en los Estados Unidos (entre los adultos, obvio, porque los más jóvenes, especialmente las chicas, no hacen más que crear videitos de las protagonistas, que pueden ser encontrados en YouTube), por ser una serie para adolescentes que habla abiertamente sobre homosexualidad, y que se ponga en tela de juicio la tolerancia hacia este tipo de asuntos, es realmente importante. Además, si bien, como todo programa destinado a las masas, hace uso de los clásicos estereotipos (deportista atlético y ganador, porrista malvada y hueca, niña problema, etc, etc, etc…), se aleja de estos en cuestión lésbica. A Ashley no se le nota que es lesbiana, no usa camisas ni pelo corto, ni tiene actitud de chongo, ni todo aquello por lo que la gente la tildaría de tortillera. La morocha se viste como toda una señorita, usa minifaldas (¡Thanks Goddess!) y tacos. Luce su físico con desparpajo y se maquilla junto a su chica… en fin…
En cuanto al tema que nos compete, la pareja formada por Ashley y Spencer luce muy tierna junta… cuando se las ve juntas. Y aunque eso pasa seguido, porque las chicas apenas se despegan, casi no nos damos cuenta que son novias. Tienden a parecer amigas que se besan de vez en cuando y que no saben que hacer con sus vidas, más que dos chicas supuestamente enamoradas. Ojo, tienen química, y eso se agradece exclusivamente a las actrices que comparten el feeling dentro y fuera de la pantalla, pero nuevamente aparece esa palabrita que no está en el vocabulario de los guionistas: pasión.
Tal vez sea el hecho de que son adolescentes y que el público que sigue su relación es adolescente, y por eso hay tanto reparos para dejarlas ser… pero en realidad creo que los que justamente adolecen de agallas necesarias para mostrar una pareja de lesbianas vía TV, son los creadores del show.
No tienen idea de lo que se hace esperar el primer beso, y los demás también. Basta de sólo agarrarse las manos y acariciarse de vez en cuando las mejillas. ¿Dónde están las hormonas en estado de ebullición? Eso es real en el mundo adolescente, The N, ustedes que se jactan de hablar de la realidad de los jóvenes, la sexualidad a flor de piel, lista para ser descubierta, ¡eso es lo que queremos ver! (incluso las que ya pasamos la etapa de Lolitas, pero que anhelamos recordar nuestra salida del closet, los primeros escarceos amorosos y aquellos inconvenientes y problemas que en ese entonces nos desvelaban, y que ahora sólo nos sacan una sonrisa nostálgica).
Más piel, más romance, más besos, más lengua. O al menos tanto magreo como el de los demás personajes… ¡che! Ah, y por favor, ya que están, que todo esto sea frente a la cámara… digo, no me molestaría verlas envolverse en un poco de acción. Y no es que yo, la santa y pura Debora Dora, sea una pervertida que quiere ver jóvenes con poca ropa enredadas entre las sábanas (bueno, sí, quiero… pero ese es otro asunto), si ustedes, amigas, vieran el programa, también gritarían totalmente insatisfechas ante cada acercamiento näif. ¡Vamos chicas, si ya lograron el home run (que dicho sea de paso, sucede fuera de cámara), dejen de una vez la primera base!
De las actrices que componen la dupla Spashley (conjunción del nombre de las protagonistas, algo muy común que se hace en Internet para hablar de parejas de ficción, y que ha llegado también a los medios del espectáculo para referirse a los romances de las grandes estrellas) no tengo ninguna queja. Como dije previamente, las chicas tienen muy buena onda y la química que se genera entre las dos se trasmite.
Gabrielle Christian no ha tenido grandes actuaciones en cine o series, pero logró ser reconocida a través de su personaje en SON. No es linda, tiene unos cachetotes que aumentan en cada capítulo, no tiene gracia ni un gran físico, ni siquiera se puede decir que es adorable, pero de todas maneras no puedo imaginar a otra actriz interpretando a Spencer e imprimiéndole la vulnerabilidad suficiente que requiere la historia.
Su partenaire (lamentablemente sólo en la ficción ya que las dos actrices tiene parejas heterosexuales y aburridas y perfectas y rubias y no puedo dejar de imaginar el futuro matrimonio de Gabby con su novio militar y sus tres hijos rubios y bobotes y el Golden corriendo alrededor del esplendido jardín, agitando su larga cola… puajjjj), Mandy Musgrave, es una chica de 20 años (sí, tuve que disminuir todos mis pensamientos lascivos cuando me enteré su edad, pero esta calma duró hasta que descubrí que tiene una hermana gemela que, obviamente, luce exactamente igual que ella y bueno, se imaginaran… mis hormonas sí están revolucionadas…), que tampoco tiene demasiada carrera en el showbizz, pero que cuenta en su currículum con actuaciones en CSI y Days of our Life.
Mandy tiene el carisma que le falta a Gabby. Si bien es más chica, posee rasgos que por momentos la hacen parecer una mujer adulta con unos cuantos whiskys encima y bastante experiencia. Tiene ojos vivaces, hermosas ondas y una bocaza que devora los besos sosos que le da su compañera. ¡Qué boca!
Además de babosearme un rato con Ashley, y rezar porque se encienda un poco la relación de las chicas, parecería que odio el programa. Bueno, no dejo de decir lo malo que es, el guión débil que posee, ni de criticar la mayoría de los hechos que se suceden mientras lo veo, pero aún así, no puedo dejar de mirarlo. Querer saber que va a pasar con la parejita tortonga me hace desear que ya comience la nueva temporada que saldrá al aire durante este año. No puedo esperar para que nuevos nudos se generen en mi estomago y la piel de gallina invada mis brazos cada vez que las niñas se acercan, aunque luego grite, llore, patalee y desee matar a los guionistas, por no darnos lo que todas queremos: ¡Acción lésbica!

DATO CURIOSO: El capítulo piloto fue dirigido por Rose Troche, la directora y protagonista de Go Fish y creadora de la genial The L Word, que además es productora del show.

Acá les dejo, por si la quieren visitar, la página que la serie tiene en la Argentina, (¿quién lo hubiese dicho?) donde se ha formado un fan club de la misma y cuenta con fotos, sinopsis y otras cositas: www.southofnowhere.com.ar

Posted by Debora Dora