I CAN´T THINK STRAIGHT

 

 

Para mirar I Can´t Think Straight hay que saber un poco de política exterior y por qué no también algo de historia, especialmente si se desea disfrutar de las palabras cruzadas y de los comentarios “ligeros” que se hacen en medio de las conversaciones que mantienen algunos de los personajes sobre la situación en medio oriente.

Dejando este punto de lado, I Can´t Think Straight es una película ideal para un viernes a la noche, y ¡no!, olvídense de los refrescos de cola y los pochoclos. Ésta no es una de acción. Esta nueva película de corte independiente, pero con aires de taquillera romántica, amerita algún espumoso que acompañe una bandeja de sushi; sí, algo más sofisticado.

Cuando los títulos comienzan a correr y estalla la última carcajada, una se queda con la impresión de haber observado un retazo de vida, de una vida que no es ni la mía ni la tuya, pero que en algún universo existe y es creíble, y allí todos esos chistes y sarcasmos tal vez no causen tanta gracia.

Con la comodidad que nos otorga el rol de espectadoras, podemos relajarnos con la copa en la mano o los palitos (en el caso de las que gusten del pescado crudo) a medio camino entre el wasabi y la boca, y acomodarnos en el sillón para conocer la historia de Tala y Leyla, o de Leyla y Tala, porque, después de todo, el orden de los faroles no altera el alumbrado.

Tala (Lisa Ray) es una joven mujer jordana en vísperas de su compromiso formal con Hani (Daud Shah), un muchacho de buena familia y de buen pasar, quizás tanto como el de ella, lo que le permitirá celebrar una pomposa boda en Jordania.

Esto siempre y cuando a Tala, que es algo así como una Julia Roberts en Novia Fugitiva, no se le ocurra dejarlo antes de la ceremonia como a sus tres anteriores prometidos. Digamos que Hani es todo un arriesgado. ¡Corren las apuestas!

En su Londres natal, el mismo donde también Tala vive su vida de mujer independiente que rompe las reglas de la tradición machista en la que nació inmersa, Leyla (Sheetal Sheth), una joven india de creencias musulmanas, vive el día a día escribiendo cuando las obligaciones del trabajo con su padre se lo permiten. Su hermana menor ya decidió no vender seguros de vida y dedicarse a la gastronomía, enloqueciendo a su tradicional madre en el proceso, por lo que Leyla es la última esperanza de aquel hombre que sueña con ver continuar su negocio en manos de la primogénita.

Leyla necesita un respiro y también un empujón, quizás el empujón que la lleve a mirarse a sí misma y a dejar fluir las palabras que se almacenan en su alma. Y está claro desde que las vemos por primera vez que será la mismísima Tala la que, disfrazada de empujón, ayude a la joven india y, de paso, se ayude a sí misma.

Cuando Ali (Rez Kempton), mejor amigo de Tala y seudo novio de Leyla, las presenta, las chispas vuelan y el magnetismo entre estas dos féminas es inmediato. ¿Cuánto tiempo tardará Leyla en sucumbir a sus deseos? ¿Será capaz Tala de dejar otro novio en el altar?

Por supuesto no voy a ser yo (porque para eso está Catalina Dlugy) quien responda a estas preguntas, de eso se encargarán ustedes (no se olviden del vinito blanco y los rolls) si tienen ganas de pasar un buen momento relajándose frente a la tele.

No leí la novela en la que está basada la película, pero si es tan fresca como el resultado en pantalla grande, ¡la quiero!

Además, I Can´t Think Straight (se podría traducir como “no puedo pensar claramente”, juego de palabras en clara alusión a la temática lésbica, porque en ingles la palabra ‘straight’ significa ‘heterosexual’) es la prueba de que Shamin Sarif es una autora sumamente interesante y que su primera incursión en el cine (The World Unseen) le sirvió como un importante aprendizaje, no solo para adaptar una de sus novelas, también para cargarse al hombro la realización y lograr salir bien parada.

Quizás la falta de una marca visible a la hora de hacer transcurrir cierto tiempo (aún no me quedó claro si fueron semanas, meses o años) sea algo criticable en el mundo del cine, donde infinidad de posibilidades técnicas y narrativas están a disposición, pero este es un mal menor cuando un guión está repleto de frases inteligentes y diálogos irónicos. La fragilidad de Leyla y la frescura de Tala se complementan y nos otorgan momentos dulces, sinceros y románticos.

Por otro lado, a cargo de la comedia, dos duetos de mujeres separadas por la geografía y la cultura. La madre de Tala, altísima, riquísima, intolerante, que desparrama su antisemitismo mientras se mueve en su lujosa casa entre varios sirvientes, y una de ellos, la que se supone la mucama fiel, que en realidad busca a lo largo de la cinta llevar a cabo una venganza pequeña, pero grande a su manera.

Sacándose chispas en una modera casa de los suburbios londinenses, la madre de Leyla, como buena india, se la pasará en la cocina o tratando de que la joven finalmente se decida a casarse. La constante lucha contra su hija menor es la guerra más grande que se ha librado jamás sobre comida, reflejando allí, en los platos típicos de la india y las nuevas recetas étnicas de la chica, el interesante contraste que siempre aparece cuando culturas milenarias y arraigadas chocan contra la modernidad.

Pero también hay otros duetos: ambos padres y ambos novios. A diferencia de otros cineastas, Sarif no cae en lugares comunes y deja de lado el machismo que se espera de ellos, y en su lugar nos presenta a los cuatro personajes masculinos lejos del estereotipo al que estamos acostumbradas. Aún cuando las cosas no salen como ellos esperan, lo toman con naturalidad y entendimiento.

Y ahora viene la parte en que agradezco a la directora (y de paso a su mujer, Hanan Kattan, que se animó a producirle sus películas), no solo por acercarnos una comedia divertida, también por volver a convocar a estas dos actrices que ya se habían enamorado en The World Unseen, aunque a Sheetal “ojotes” Sheth la prefiero con el sombrerito de su anterior personaje. Ahora me babeo por Lisa Ray y esa mirada cristalina que dejará muda a más de una.

Insisto en este punto, vino y sushi, luces tenues y el placer de ver en pantalla una pequeña historia muy divertida, y además, de las nuestras.

Posted by Débora Dora