XXY

 

 

Lucia Puenzo no podía escapar a su destino, con un padre realizador de cine lo único que le faltaba a la artista era dirigir una película. Ya había hecho de todo: escribir novelas (El Niño Pez, Nueve Minutos, La Maldición de Jacinta Pichimahuida), dirigir documentales, guionar series de televisión (Sol Negro, Tiempo Final, Disputas, Sangre Fría) y películas (fue libretista de La Puta y la Ballena, el último film de su padre, Luis Puenzo), y sí, era el destino, tenía que debutar en el cine sentada en la gran silla.
Y debo decir que fue un debut con todas las letras... o al menos con dos XX y una Y.
La hija del director de la única película argentina ganadora de un oscar, La Historia Oficial, decidió romper el hielo con un temita... ¿cómo decirlo? Controvertido. Controvertido y difícil por varios asuntos, primero que nada porque no es un tema demasiado tratado en el cine, y menos en el nacional (acostumbrado al nadismo del llamado "nuevo cine argentino"). Porque presenta una realidad desconocida para muchos que ni siquiera tienen idea de que significa la palabra intersexual. Ríspido, porque habla de lo diferente, porque habla de lo que pasa con la gente distinta en las sociedad que nos toca vivir. Ser diferente siempre es tema de chusmerio, y es por eso que los padres de Alex, que sería lo que comúnmente se designa como psudohermafrodita, deciden dejar la ciudad apenas nace, para mudarse a un pequeño pueblo costero cercano a la ciudad de Piriapolis, en Uruguay. Saben que su vida no será fácil, pero saben, principalmente, que ellos tomaron una decisión y deben proteger a su hija. El problema es que Alex creció, y al enfrentarse con el mundo, se da cuenta que no es igual a sus compañeritas de clase, pero tampoco a sus compañeritos.
El asunto se desata con la llegada de una antigua amiga de su mamá, cuyo marido es cirujano y viene con el propósito de conocer a la chica y de empaparse en el tema; su madre quiere que la operen... su padre no sabe lo que quiere, y, mientras tanto, Alex sufre. También Alvaro sufre; el hijo del matrimonio amigo, llega arrastrado por sus padres y se encuentra con algo que al principio no comprende, pero que termina atrapándolo.
La exactitud de Lucia Puenzo no sólo está en la elección de actores, seis profesionales muy correctos en sus papeles, ni tampoco en las locaciones elegidas donde se desarrolla esta historia, y que, por supuesto, ayudan a crear la atmósfera precisa. La Puenzo suma puntos debido a la manera en que decidió meterse de lleno en este relato (basado en el cuento Cinismo, de su pareja, Sergio Bizzio) por momentos intimista, por momentos alejándose del torbellino de emociones que envuelve a los personajes, dejándonos, de a poco, sumergirnos en sus vidas, pero siempre de lejos, presentando, nunca exponiendo juicios de valor; tal vez por eso el final. Tal vez porque así debía ser, y porque así debería ser siempre.
Y luego está la reflexión, desde que comienza el film hasta horas después, porque XXY es una de esas obras que nos dejan pensando. Lo que sea, pero nos dejan meditando la situación; qué haríamos nosotros en su lugar, en el de Alex o en el de sus padres. O, principalmente, un cuestionamiento a la sociedad en que vivimos, una sociedad religiosa y supuestamente civilizada que es capaz de castrar a alguien solo porque obligatoriamente debe pertenecer a uno de los dos sexos estipulados como "normales". Es un varón o es mujer, anuncia la partera. ¿Qué podría decir en este caso o en el de una gran cantidad de gente intersexual?
¿Y dónde queda el amor? ¿Dónde queda la identidad? ¿Dónde queda la libertad? ¿Qué es "normal"? ¿Qué no lo es? ¿Lo sabe Alex? ¿Lo sabe Álvaro? ¿Lo sabe alguien realmente? La duda está siempre presente, la confusión no es solo territorio de la protagonista; sus padres dudan todo el tiempo, el muchacho duda. La adolescencia no solo golpea a los más chicos, todos los personajes se están buscando, tratan de hacer lo correcto, intentan definirse en un mundo en donde las etiquetas son sumamente necesarias.
XXY es el tipo de cine que nos hace pensar, es el cine que vale la pena, el que conlleva un debate, con otros o con nosotros mismos, nos lleva a cuestionarnos y a plantearnos posibilidades. Es el cine que se ve poco y el cine que perdura. Lucia Puenzo hizo de su opera prima un film impecable (que se llevó el Gran Premio de la Semana de Critica en el Festival de Cannes).
Inés Efrón (Cara de Queso) nos arrastra con su cuerpo desgarbado y su voz finísima y esos increíbles ojos azules, metiéndose de lleno en la piel de Alex. Una mirada que indaga con desparpajo, una mirada que inquieta. Darín, tan taciturno como su personaje de El Aura, le presta sus ojos celestes al padre preocupado, al padre que quiere hacer lo correcto, el único adulto que comprende y sufre junto a su hija. Martin Piroyansky (Cara de Queso, Amas de Casa Desesperadas), otro alumno de Nora Moseinco, profesora de la generación "For Fai", demuestra una vez más que con naturalidad siempre se puede salir airoso. Esta vez a Valeria Bertuccelli le toca acompañar, y lo mismo hacen Carolina Peleritti y German Palacios.
Un film que merece ser visto y comentado. Recomendadísimo para todas las que tiemblan cuando se habla de cine nacional.


PD: Chicas, para las que no tienen idea sobre la Intersexualidad y quieren conocer algo del tema, les dejo el link a Wikipedia. Hay otras tantas páginas en Internet, pero este documento me pareció correcto y sintético.

posted by Debora Dora