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Llega la segunda ficción
no escrita por nosotras. Otra Amazona que se ha animado. En este
caso Nat. Se ve largo PERO LO SUPER RECOMIENDO!!! ES MUUUY BUENO!!!!!
ADIOS QUERIDO DIARIO
Adiós
querido diario, adiós. Este es el final. No tal vez el final de
mi existencia, pero sí de la persona que conociste hasta ahora.
Ya no puedo seguir así, destruyéndome, dejando de vivir,
sintiendo cosas que no entiendo ni quiero comprender; sentimientos que
no siento míos, que no me son propios.
Adiós querido diario. Despedite de la niña que conociste
hasta ahora. No, nunca dejaré de ser una eterna adolescente, quedate
tranquilo, porque adolecer es un hecho inherente a cada uno de los seres
humanos, y yo, que soy una ser humana, despojada de la eternidad de los
inmortales que adquiría cada vez que sus manos me ayudaban a alcanzar
aquella cúspide, y alejada, por momentos, de todos los métodos
electrónicos que mi capacidad utiliza para incapacitarse, no puedo
dejar de adolecer siempre de algo.
Pero sí, despedite de la chica inocente que creía tener
todo arreglado. Decile chau a la adolescente que viste crecer en estas
páginas; que tambaleaba de vez en cuando; que se creía morir
ante cada suceso que la superaba, que pensaba que el mañana sería
mejor, pero que disfrutaba de cada momento que vivía. Pone el sombrero
de ala corta sobre tu pecho, a modo de pésame para la señorita
que erguía su cuerpo ante cualquier situación; cuyo interior
se quebraba, mientras que su carcaza seguía entera, pero que lloraba
a mares cuando su uña se rompía, cuando lloraba por todo
lo demás por lo que no había sido capaz de llorar. Saludala.
Ahora ella sólo derrama una lágrima cuando el personaje
principal de la serie se muere, o cuando a su cachorro deben amputarle
una pierna. Sacudí tu pañuelo ante el pequeño barco
que se aleja; sí, estimado diario, ese barco hace tiempo zarpó.
Adiós querido diario y adiós a vos también. Sí,
después de todo, de eso se trata. Me estoy despidiendo de vos como
vos lo hiciste de mí. Vos lo hiciste en persona, en el momento
justo, porque las circunstancias así lo requerían. Te plantaste,
como siempre, franca ante mí y ante una realidad que debiste aceptar
pese a tu disgusto, pese a que vos no sos así. No sos de las que
se quedan de brazos cruzados mirando como la vida te avasalla. Sos de
las que van en busca de las soluciones. No te detenes a pensar, como yo;
no te demoras en titubeos absurdos. Pero sabes que cometiste el error,
y no, no te apresures a retrucarme (sé que si estarías aquí
ya lo hubieses hecho). Esto no fue tu error, tal vez ni siquiera fue culpa
de nadie. Pero sé que en lo más profundo, vos sabes que
no hiciste las cosas como debías, que no hablaste a tiempo, que
no lloraste a tiempo, que no me llegaste a tiempo. Y por eso te castigaste,
te castigas, o no sé, tal vez seguís castigándote.
Y sé que yo deje las cosas pasar. Como un paisaje quieto; como
una foto atemporal; como las nieves eternas en lo alto de una cordillera;
como un cuadro detenido sobre algún fragmento de campo, con su
laguna, su rancho y el cerco pertinente para que aquella vaquita blanca
no escape, así observé las cosas, así pensé
que nuestra realidad quedaría: sin cambios, sin terremotos, sin
dramas. Me confié; no escuché los gritos y sollozos mudos
al otro lado del teléfono. <<Que boba>>, pienso ahora.
<<Que egocéntrica>>, lamento ahora.
Adiós querido diario, y adiós a ti. Ninguna de las dos quería
que todo acabe así. ¿Quién lo hubiese imaginado?
Tal vez vos lo presentiste, tal vez apareció en las cartas del
tarot celta, como una situación lejana a la que estábamos
destinadas a llegar tarde o temprano. Tal vez no. Tal vez nos confiamos.
Y ahora, que escribo estas líneas que podría asegurar que
jamás llegarán a tus manos, y que morirán aquí,
en mi preciado diario, intento revolver en mi interior, buscando, una
vez más, soluciones a las incógnitas de mi alma, palabras
que puedan explicar mis actos, respuestas a aquella pregunta que sigue
flotando en el aire: ¿Por qué?
Quiero sacar todo esto que llevo dentro mío como una carga, que
me hace sentir otra vez, pero que me hace sentir cosas que jamás
pensé que volvería a sentir. Yo buscaba emociones perdidas
en las hojas de los libros que pasan una y otra vez ante mis ojos; buscaba
en cada oración, en cada palabra. Aunque las conexiones ya no tengan
lógica para mi atormentado cerebro. Las busqué en las imágenes,
en la música. Con cada retorcijón que me producía
una película, comencé a presentir el preludio de mi pena.
<<¿Vos querías sentir algo? Bueno, aquí está>>,
me repito una y otra vez.
Adiós querido diario. No pienses esto con tristeza, es una despedida
necesaria. Pensa que más allá me esperan otras cosas, otras
experiencias que debo vivir. No te pongas triste, ya sufrimos nosotras
dos bastante, como para que vos también lo hagas. Sé que
siempre me acompañaste, siempre me escuchaste
pero ahora
debes dejarme partir. Ella ya lo hizo, muy a su pesar. Por más
que le doliera no acompañarme en este viaje, lo tuvo que hacer.
Me vuelvo inflexible a veces. Me vuelvo como una roca.
¿Y vos? ¿Vos pensas que soy una roca? ¿Que no siento?
Yo a veces lo pienso. A veces creo que mi cuerpo ha sido anestesiado para
que las cosas, malas y buenas, no le afecten. Es feo. No quiero pensar
así. Por eso tal vez necesite ir en busca de respuestas. Así
que dejame marchar.
Adiós querido diario. Necesito alejarme. Alejarme de mí,
para poder volver a mí. Intentar que su imagen recurrente no me
aceche por las noches; pero tampoco durante el día, en un perro,
en un plato de fideos, en un libro, en una canción. Dejarme respirar
con normalidad cada vez que escucho su nombre, repetido hasta el hartazgo
en el lugar menos esperado. Inspirar, expirar. <<¿Ves? No
es tan complicado
>>
Necesito deshacerme de su mirada, de sus pensamientos, de sus ideas, de
su mano sobre la mía en aquellos momentos en que lo último
que quiero recordar es su piel. Ansío no desilusionarme cuando
mi teléfono recibe un mensaje cuyo remitente no es el que espero.
Necesito buscar mi propia brújula para cada vez que su perfume
intoxique mis sentidos en plena calle o en un ascensor y, sin poder negarse,
mi mente vuelva a lugares, a momentos, a sensaciones extraviadas en lo
más profundo de mi ser, y mis tripas se retuerzan, y mi conciencia
estalle otra vez.
Pasaron meses, querido diario, y vos te preguntaras, como tantos otros,
por qué las arenas movedizas siguen intentando adentrar mi cuerpo
a las profundidades. No lo sé. No tengo respuesta. Soy la primera
que quiere saberlo. También me dirás por qué mis
pies no se mueven para avanzar a terrenos desconocidos, donde buscar la
resolución a aquellos misterios que me intrigan. No puedo volver
hacia atrás ni puedo seguir hacia delante. Estoy en un limbo de
sensaciones encontradas, y estoy segura que muchas de ellas no me pertenecen.
Pero estoy intentando asirlas despacio, con calma, e ir analizándolas
sin apuros. No siempre es fácil.
Adiós querido diario, una vez más. Metafóricamente
estoy muriendo, estoy deseando dejar morir a aquel ser que durante los
días soleados se paseaba acompañada sobre el bote, disfrutando
del calor y del cielo diáfano que trasmitía una ficticia
paz. El mundo estaba equilibrado. Allí se veía la isla a
la que deseban llegar. Pero a la calma sigue la tempestad, y el cielo
se cubrió de nubarrones a los que ninguna prestó atención;
ya pasarían. Los rayos del sol quedaron relegados y el viento sopló,
sopló muy fuerte y el barquito tambaleó. El mar se movía
enérgico bajo las jovenes mujeres que miraban hacia arriba, sorprendidas
por aquella tormenta que creían repentina. Una ola derribó
a una de ellas, y la otra la dejó caer. Quedó quieta, mojándose,
temblando. Sus lágrimas se confundían con las gotas de lluvia
que la empapaban. Su rabia, su terror, su tristeza, sus gritos, se mezclaban
con el rugir del viento y con los azotes inclementes del mar.
¿Aún podes ver aquel barco, querido diario? La tormenta
pasó, pero el sol aún no ha salido. El mar ha quedado revuelto,
igual que el alma de la única tripulante que se ha perdido a la
deriva. Ella va sentada sobre las pocas cañas que aún hacen
que el navío flote. Va sentada, cruzada de piernas, con la cabeza
gacha. Hambrienta y acalorada, aún no ha conseguido la brújula,
aún no ha buscado una botella de agua, aún no ha levantado
sus ojos hacia el horizonte en busca de tierra donde amarrar.
Estoy segura que si leyeras esto pensarías que lo hago solo para
desahogarme, porque, como siempre, todo se trata de mi y nada más
que de mi. Puede ser cierto, lo necesito, y después de todo quién
no hace las cosas por uno mismo. Pero si realmente centraría todo
en mis deseos, no cumpliría con las cosas que me pediste; no me
bancaria haberme apartado del circulo en el que me movía tan libremente;
no soportaría las ganas de levantar el teléfono y escuchar
tu voz; sucumbiría ante mi impulso de tomar el colectivo y esperarte
parada contra aquel negocio de ropa, a la salida del trabajo, desde donde
te veía descender las escaleras apurada. Incluso, tiraría
esta lapicera y revolearía este cuaderno, al que le estoy confiando
mis penas, y posaría mis dedos ágiles sobre el teclado para
preguntarte cómo estás.
Pero me abstengo muy a mi pesar, porque sé que todo nace de mí.
Por eso, querido diario, si se supone que yo soy la actriz principal de
esta obra de teatro, si soy el sujeto que realiza las acciones, soy también
la que toma la decisión de marcharse, de decir adiós. Antes
no tuve tiempo, la mina que estaba activa bajo la roca, explotó
y dejó todo en ruinas. Ahora me asomó a estribor y agito
mi mano.
Adiós querido diario, tal vez a vos no te vea más, tal vez
a ella sí. Sé que lo deseo. Sé que así será.
Las cosas están escritas, en las cartas, en las borras de café,
en las constelaciones. Y el destino es imposible de cambiar.
Adiós querido diario, adiós.
Nat
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