SOY

 

Soy…
Se preguntaran que soy… pero no lo sé…
¿Qué soy? ¿Qué no soy?
Realmente no importa. Lo importante es que estoy; que existo, que me muevo, que fluyo, que circulo y nadie me puede detener.
No tengo género, ni número. No me puedo agrupar, ni tampoco separar. No me pueden sentir, no me pueden tocar; pero saben que estoy, ellas perciben mi presencia.
Soy eso que nadie ve, que nadie escucha. Pero que está. Que forma parte de las dos.
No pertenezco ni a una, ni a la otra. Soy de ambas; tanto de Gala, como de Valentina. De las dos juntas, de la dos unidas.
Soy eso que reina mientras el tiempo transcurre.
Soy eso que queda cuando todo se acaba.
No soy más que eso.
Soy lo que prevalece al apagarse la luz. Cuando se encienden las llamas, cuando se dibujan las sombras. Cuando caen los mantos, y quedan expuestas todas las incógnitas que parecieran jamás encontrar respuesta alguna.
Soy el silencio incómodo, que acompaña el tan esperado comienzo. Que se instala, para luego disolverse de a poco, y fundirse en el placer.
Soy el descubrimiento de Gala ante un nuevo hecho; esa sensación extraña que llega de repente; ese nuevo sentimiento que surge, que la hace temblar. El aroma de Valentina que la envuelve; el dulce perfume que penetra sus sentidos, que la marea.
Soy los nervios, que por momentos controlan; la mezcla de incertidumbre y seguridad. Los dos extremos; la contraposición; el blanco y el negro; el Ying y el Yang.
Soy la reafirmación de Valentina en su ser. La tranquilidad que la invade al mirarla directamente a los ojos. La duda que se disipa, cuando sus labios se encuentran lentamente.
Soy las emociones que recorren los inocentes cuerpos. La sorpresa ante lo nuevo, ante lo imprevisible e inesperado.
Soy las sombras que las llamas dibujan en sus rostros; el aroma dulzón que expulsan las velas que iluminan el ambiente, y la mezcla de olores y sensaciones que las envuelve.
Soy el sonido que produce la ropa al caer, y al dispersarse por el cuarto. El frío piso de madera contra la tibia piel. La desnudez, la vergüenza pasajera, el reconocimiento. La belleza.
La sangre que circula a gran velocidad, cuando el corazón se acelera. Los latidos que crecen, que apresuran la respiración. Las pupilas que se agrandan.
Soy el escalofrío que causa el primer contacto; que produce el último. Piel contra piel.
La confianza que se instala en el cuarto cuando las miradas se cruzan; cuando los roces se repiten, una vez más. Y el juego vuelve a comenzar.
Soy el telón de fondo; la música que suena, que acompaña, que marca el ritmo. Que sin quererlo, contribuye a levantar la temperatura.
Soy la dulzura de Valentina; el cuidado, la atención en cada caricia. Los ojos que se posan sobre las formas de aquella chica, que yace a su lado, expectante.
Soy aquellos labios que visitan los más recónditos extremos de su cuerpo, que saborean la suave piel.
Soy el orgullo de Gala, que crece en su pecho y que se expande por todo su ser. Que hace aparecer su fuerza, que la hace tener ganas de gritar y de enfrentarse con el mundo; un mundo que jamás las comprenderá.
Soy parte de la culpa de Valentina, que se desvanece en manos de su joven amante.
La piel que se eriza bajo las caricias. Los besos de Gala; tan firmes, tan decididos. La ternura en sus palabras, y los brazos de Valentina; protectores, fuertes, acogedores.
Soy ese amor naciente que surge en el pecho de ambas. Que las oprime y las aterroriza por momentos.
Soy la excitación que aumenta segundo a segundo, caricia a caricia. Que se expande; que las dos se transmiten con sólo rozarse.
Soy el olor de Valentina en las manos de Gala. El sudor que se mezcla; los cuerpos entrelazados, las formas que encajan perfectamente.
La humedad y la tibieza de los labios cuando se funden. El gemido que invade el cuarto, y el eco que resuena en el ambiente.
Soy la pasión desenfrenada. Y las bocas que se encuentran; soy la sorpresa de Gala cuando se reconoce en los labios de su amante.
Ese momento maravilloso en el que los ojos castaños se posan en los azules, y se amarran allí, para nunca perderse; y la respiración se entrecorta, y el corazón parece estallar.
Soy el punto culmine, cuando todo desaparece. Soy el final, donde todo termina, donde todo acaba. Donde todo se regenera y vuelve a comenzar.
Soy la energía que mana de los cuerpos; que se reestructura, que se expande y se redistribuye.
Soy ese aroma dulce que permanece en la piel.
La timidez de Valentina, la rebeldía de Gala. La juventud de ambas. La inexperiencia. El brote de felicidad repentina, que ninguna sabe explicar.
Soy la sonrisa que invade sus rostros. El relajamiento que perdura en sus cuerpos.
La burbuja que ambas construyen a su alrededor. La protección que necesitan, la seguridad que buscan.
El espacio que habitan, y el tiempo que transcurre. Los segundos que vuelan, las horas que se extinguen.
Soy el destino que las persigue y que las aguarda.
Pero no soy más que eso.
Soy todo, y a la vez, no soy nada.

Posted by Debora Dora