LAS TORTAS LAS PREFIEREN LESBIANAS

 

¿Se acuerdan de aquella canción ochentona y jovial que cantaban Las Primas? “Los nenes con los nenes, las nenas con las nenas,”. Seguramente muchos jóvenes se recordaran a si mismos enfundados en un delantal azul a cuadrille, llegando con una bolsita roja que reza su nombre, junto a otros infantes, al jardín, dispuestos a corear la pegadiza canción acompañados por enérgicas palmas (salvo yo, que nunca tuve demasiado ritmo para aplaudir).

Bueno, parece que esa cancioncita pegó entre las masas y muchos la tomaron al pie de la letra. Pero igual yo ahora propongo (y si me da el dinero, también produzco, porque estoy segura de que puede ser un “hitazo”) que se forme un nuevo grupo, se pueden llamar Las Sobrinas, por ejemplo, que lance como primer corte un tema cuyo estribillo diga algo así: “Las lesbianas con las lesbianas, los gays con los gays y los heteros… que se queden en el molde.”
¿Qué les parece? ¿Llegará la cima de los 40 principales?

Hace tiempo que estoy analizando algo que ya hasta podría designar como una tendencia. Mientras que hace unos cuantos años, entre los adolescentes, de homosexualidad ni se hablaba, salvo para decirle puto o maricón a la pobre mariposa de turno (recuerdo mis primeros años de secundaria, donde el tema gay no se tocaba y la simple mención de la palabra lesbiana implicaba imaginar que eran algo así como los marcianos o los selenitas, pero en vez de proceder de Marte o la Luna, pertenecían a algún planeta perdido de una lejana galaxia), hoy en día es un tema tan hablado que hasta resulta aburrido plantearlo.

Cuando éramos niños, jugar al semáforo o a la famosa botellita nos llenaba de emoción; los chicos de ahora hablan de tranzas cada vez más temprano y ya no es una osadía besarse con algún muchacho de otro curso en las noches movidas de boliche (ah, porque ahora son noches, nada de matinée…), hoy el pico entre amigas es la gran novedad.

No es que en nuestra época dorada no existiera, pero en estos tiempos ya es moneda corriente. Para calentar tipos o para zafar de ellos (¿quién no ha usado alguna vez la frase “somos lesbianas”, para evitar bailar con pesados?); para probar o para llamar la atención. Por lo que sea, los besos entre chicas se han puesto de moda.
De hombres no voy a hablar, la sociedad conservadora de las “buenas costumbres” y la idea de “machazo argentino”, jamás dejarían que dos amigos se besaran sin salir damnificados de la experiencia.

Tampoco es que la edad para intuir nuestra propia orientación sexual haya disminuido (¿cuantas de nosotras nos dimos cuenta de nuestras inclinaciones en la temprana adolescencia? Apuesto a que muchas…), lo que pasa es que ahora todo está al alcance de la mano. Echémosle la culpa, si quieren, a Internet (páginas, foros, chats), a los tradicionales medios de comunicación; a 099, Willow o a las niñas de South of Nowhere. Todo ayuda y, evidentemente, las cosas cambian. Pero no por esto estoy diciendo que sea para mal. Se han abierto muchas mentes y eso es lo que cuenta.

Podemos analizar la situación y encontrar pros y contras y demás. Pero no es a donde quiero llegar.

Así como entre las teens de hoy el lesbianismo es algo cool, para las que ya pisan los veintipico, es sinónimo de curiosidad.

No hay mucho de sorpresa; que la gente se entere que sos lesbiana apenas hará que algunos levanten la ceja, aunque siempre está Felipe, que no entiende que hacen dos mujeres en una cama (jajaja, se creen tan imprescindibles… pobrecitos…) y esperan una explicación detallada y gráfica, al estilo película porno. O Etelvina, que asegura, cual conocedora de los más maravillosos secretos del universo, que el sexo puede ser agradable y tierno, pero que a la larga termina siempre faltando algo (¡Ay, pobre incrédula heterosexual!, pienso yo, asintiendo con una semi sonrisa, antes de empezar mi disertación sobre la saludable vida sexual de una lesbiana, cuyo cajón no esta desbordado de vibradores de todos los tamaños ni se muere por arrastrase con un tipo todo musculoso y sudado). Ah, y nunca falta Martita, que la tiene re clara y que afirma que el acto sexual debe ser un poco aburrido, pero que no hay como otra mujer para hacerte sexo oral, porque nosotras sabemos lo que nos gusta y bla, bla, bla, bla… como si realmente tuviera conocimiento de causa, aunque lo más cerca que ha estado de un aparato sexual femenino fue al atravesar el canal uterino de su madre.

Pero hay una especie de mujer, que al contrario de estar en peligro de extinción, parece reproducirse a una velocidad escalofriante. Es aquella que cuando Felipe consulta expectante, se hace la que le da asco el asunto, pero para la oreja y toma notas mentales; y es la que respalda, eufórica, la teoría de Etelvina, pero aprovecha cualquier ocasión disponible para consultarte, con mezcla de timidez y escepticismo, sobre distintas posiciones; y que, obvio, asegura sin saber mentir, jamás haber pensado en la teoría de Martita, aunque ahora que eso pasa por su mente (¡Bullshit!), cree que la chica tiene razón, aunque las entendidas sabemos que no sólo ya pasó horas dándole vueltas al asunto, sino que suda y tiembla cada vez que te ve chupar, muy contenta, un helado de frutos del bosque.

Hay una epidemia de pakis curiosas, que lejos de asustarse porque te pueden llegar a gustar, se sacan la ropa lentamente (en un triste intento de emular a la gran Demi Moore), mientras te cambias a su lado. O que siempre se ponen en una pose insinuante y vos las miras de reojo, sin saber si están jugando al juego de las estatuas o si les agarró una parálisis del lado izquierdo del cuerpo, y su pestañeo intermitente no es otra cosa que la reproducción del código morse para pedir auxilio. O está la otra que hace comentarios ambiguos y te lanza chihuahuas a manera de dardos, imperceptibles a los ojos de tus amigos, que piensan que estás loca y que sos una obsesionada que ve tortas por todas partes, cuando les comentas que esa chica se te aparece en todos lados, como si fuera Droopy, o que apoya su mano en tu hombro de forma sospechosa. No olvidarnos de las que te coquetean con descaro frente a sus novios, y vos, paralizada, intentas buscar una respuesta que no haga que el mastodonte de 70 kg., que ella usa como adorno, descargue su ira contra tu pequeño cuerpo lesbiano y quedes hecha torta (valga la redundancia).
Y las peores, tres luces rojas para esta categoría. Guarden sus bártulos, pongan al resguardo a los niños y colóquense debajo de los marcos. ¡Ellas arrasaran con todo! Son las pakis confundidas, curiosas e ¡histéricas! Definitivamente son de temer. Son las primeras que anotan estar con una mujer entre sus fantasías, pero ni siquiera como parte de un trío; no, no, ellas dos solitas, piel contra piel. No dudan en rozarte en cualquier momento que nadie las mire, dejándote sorprendida y de todos colores. Y las más atrevidas son capaces de vociferar algún obvio palo teledirigido hacia vos, que no sabes si reírte con los demás, pensando que es sólo un chiste, o leer las claras señales multicolores que destellan sus ojos, cada vez que tiene la oportunidad de ponerte incomoda. Maestras del histeriqueo, son profesionales en el arte del doble sentido y rápidamente las ves crecer en aquellos bosques oscuros donde sólo ingresan las expertas lesbianas. Por supuesto, antes de flirtear descaradamente, se aseguran de que haya otros individuos a su alrededor, o mínimo un enorme reflector alumbrándolas. Saben que por más que intentemos apurarlas, el límite estará dado por las circunstancias. Y cuando llega el momento en que esperan pasivamente que cantemos retruco, somos nosotras las que dudamos. No sabemos si matarlas para terminar con ese calvario, que antes nos parecía divertido y que ahora detestamos, u olvidarnos de todo y arrinconarlas contra una pared. Y que ni se les ocurra protestar. ¡Vos te lo buscaste chiquita!


Posted by Debora Dora