LA INTERSECCIÓN: Callo y Corrientes
Cualquiera que salga de noche y enfile para la zona de Palermo ya lo sabe. Pero ¡ojo!, no hablo de esos nuevos “Palermos” que surgieron en los últimos tiempos, con sus productoras de televisión, pubs y restós (porque ya no son restaurantes ni cantinas) de comidas exóticas, que cuestan tanto como si las estuvieses realmente comiendo en su país de origen, y locales de diseño “re top”. Yo hablo del Palermo de antes, del Palermo tradicional, ese Palermo que no es ni Viejo ni Chico, y que por algunos cuadras zafó de ser Balvanera. Ese barrio de Palermo que delinea la avenida Santa Fe, mientras se desliza hacia el Bajo. Más precisamente Santa Fe y Pueyrredon. ¿Les suena? No hace falta ser del ambiente para saber de qué habla la divagadora de Débora Dora. Se puede “tocar de oído” o se puede haber vivido en carne propia. Es que… vamos, chicuelas, ¿o a caso no lo saben? Pueyrredon y Santa Fe es el epicentro gay por excelencia, y cuando hablo de ‘gay’ me refiero a varón homosexual (sin distinción de pasivos, activos, osos o locas). Caminar por esa zona, un viernes o un sábado por la madrugada, es como visitar San Francisco en plena Buenos Aires. Ese bar de la mencionada esquina, que de día alberga a transeúntes, turistas y señoras “bian”, después de las cero horas se viste de reina. Hagan la prueba si no me creen, y vayan siguiendo las plumas, seguro desembocan en Search, en realidad, Kilómetro Zero, como se llama este boliche. Y estoy segura de que muchas Amazonas se están preguntando qué tiene que ver el culo con tomar el pulso. Bueno, es que una noche, D.D., muy bien acompañada, circulaba por este lugar. ¡Sí, de noche!, y se sintió un poco mmm… ¡excluida! Es que entre los Village People ella no tenía nada qué hacer. Desde ese momento, la pobre chica que suscribe medita y trata de recordar si en el mapa de los barrios porteños hay algún punto de encuentro lesbico. Pero no hacía falta que siguiera pensando, ella ya sabía que ese lugar no existe. Pero un día caminaba no tan bien acompañada (con esto me refiero a que estaba con su socia) por una zona no muy lejana a la anterior, y ambas se dieron cuenta de que algo raro sucedía en el ambiente. Allí, paradas las dos, con los ojos bien abiertos y los “gaydars” descalibrados, notaron que habían percibido demasiadas tortas en ese punto céntrico de la ciudad. Sí, Callao y Corrientes definitivamente tenía que ser un lugar de paso. Bathory presurosa tomó nota, mientras D.D se colocaba los anteojos; debían descubrir cualquier detalle. Después de una intensa investigación, luego de visitar la intersección con frecuencia y poder encontrar pruebas que respaldaran la teoría, felices y realizando su “baile de triunfo” (en el que ella gira sus brazos, como si revolviera la polenta, y DD revolea sus ojitos) corroboraron la hipótesis: Callao y Corrientes es como una gran cinta transportadora de tortas. ¿Habrá alguna pastelería cerca? ¿Será una zona imantada que solo atrae pastelitos? ¿Existe algún boliche o pub escondido en algún edificio cuya fachada desorienta e impide el ingreso a los que no conocen la contraseña? Yo probé con “el águila ha llegado” y repetí la operación con otras especies de aves, frente a unas cuantas construcciones, pero no hubo caso. ¿Alguien sabe el porqué? ¿Alguna estaba al tanto de esta zona de transito tan cercana al obelisco? ¿Hay alguna Amazona que sepa por qué ni bien se sale de la boca del subte las tortitas parecen surgir de las alcantarillas? Van solas, en pareja, o en grupo, y les puedo asegurar que son muy fáciles de detectar, incluso para aquellas que aducen no poseer radar o que aún no lo tienen suficientemente entrenado. Las que van de la mano son simples de reconocer, pero después hay que estar atentas a otros detalles; van a ver muchas mochilitas con pines, pantalones enormes, remeras más enormes aún, gorrito, algún que otro tirador o corbata. Pero ¡ojo! con las camisas, que ahora hay un brote de camisitas con rayas o cuadros; pero es simple para el ojo entrenado, descarten todas la que lleven volados en el cuello o mangas, esas no son tortonas, solo son victimas de la moda. De todas maneras, si no me creen ayúdenme a comprobar. Las que viven en la ciudad, saquen sus propias conclusiones, las demás, tanto de otras provincias como de otros países, cuéntenme cuáles creen que son los “puntos” de reunión o transito de los pastelitos locales. ¡Ayuda! No solo para mí, sino para la comunidad, quién les dice, tal vez alguien con dinero y visión pone algún bar cerquita, exclusivamente para nosotras… ¿no? Posted by Debora Dora
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